sábado, 11 de abril de 2020
Raúl González Tuñón / Último poema a Ricardo Güiraldes
para Martín Fierro
Eras tan sabio que contigo nació o murió la palabra.
Eras tan bueno que contigo nacieron y murieron
los crepúsculos tiernos.
Yo era joven y tenía los ojos llenos de Rusia.
Recién nacidos al mundo y arañados de panoramas extranjeros.
Tú los vaciaste y los llenaste de Pampa.
Tu corazón de grande no cabía en la Pampa.
Tu casa estaba a unos metros tan solo de la Pampa.
Ayer ha muerto Don Segundo Sombra.
Los arados están a media asta.
El cielo está a medio horizonte
y a media vidalita la guitarra.
Inútil que volvamos al resplandor del hueco de tus manos
a la digna mansedumbre de tus ojos aindiados
de tanto barajar los horizontes de tu Patria y la mía tan querida.
Pero estás en nosotros repartido como la luz del sol está en el mundo.
Inútil que pronuncien tu nombre los que ayer vapulearon tu talento,
Tu nombre que se atrevió a romper un silencio de cretinos,
perfumándolo y santificándolo.
Tú eres de nosotros como lo es la tierra florecida
y la ciudad que tú también amabas lanceando el cielo
con sus enormes edificios –Sólo tu corazón era tan alto.
Cuando cantabas con la guitarra
lindo jilguero pampeano
un crespón para la guitarra
y la canción a media mano.
Yo, poeta de Buenos Aires
ordeno que se haga el ocaso
sobre la ciudad y que nadie
pretenda modular un canto.
Al canto lo llevó a la muerte
el gaucho Ricardo Güiraldes!
Inútil que volvamos a golpear en tu pecho luminoso.
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