lunes, 27 de abril de 2020
José de Almada Negreiros / Momento de poesía
Si escribo o leo o dibujo o pinto,
después me siento tan atrasado
en lo que adeudo a la eternidad,
que comienzo a empujar para adelante el tiempo
y lo empujo, lo empujo brutalmente
como empuja un rezagado,
hasta que cansado me juzgo satisfecho.
(¡Tan idénticas son
la fatiga y la satisfacción!)
En cambio, si voy por ahí
soy tan inteligente en discernir todo lo que no está en mí,
comprendo tan bien lo que no me ofrece respeto,
me siento tan jefe de lo que está fuera de mí,
doy consejos tan bíblicos a los afligidos de una aflicción que no es mía,
que, sinceramente, no se qué es mejor:
si estar solo en casa y girar la manivela de la vida,
si ir por ahí y ser el Rey de todo lo que no es mío.
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