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sábado, 3 de abril de 2021

Páladas / Espectros


Páladas, poeta alejandrino, del que poco se sabe y poco se conserva, que vivió la caída del mundo pagano, zaherido por el cristianismo, y lo contó en versos desencantados. Nació y murió en Alejandría en el tránsito del siglo IV al V. Su profundo desarraigo late en los epigramas —unos ciento cincuenta— conservados en la Antología griega. 

Contempló cómo la ciudad fundada por Alejandro Magno para ser la síntesis de Oriente y Occidente hervía agitada por los disturbios sangrientos y la intransigencia. Vio las ruinas de sus dioses vencidos. Atestiguó la destrucción de la Biblioteca y el brutal asesinato de Hipatia —a la que llamó en sus versos «estrella inmaculada de la sabiduría»—. Supo de la irrupción de los hunos y la entrada en Roma de los bárbaros germanos. Ante el trauma del Serapeo, escribió su desconsolado poema «Espectros»: 

 

¿En la profunda noche estamos muertos
O en el sepulcro nos soñamos vivos?
Somos quizá los últimos vivientes
Pues ya todo
en el abismo se hunde,
muerte es la vida y ya está muerto el mundo.




 

viernes, 14 de agosto de 2020

Pedro Humire Loredo / Monte Patria amada

 

Monte Patria - Cerro Guayaquil


Un cantar quiero para mi monte patria

 con el amor de un campesino

 que a la patria, la pachamama

 cada mañana saluda

 cuando la claridad asoma por el cerro guayaquil,

 por el cerro san Juan, 

 por el cerro de la antena, 

 que al mirarlos se van de mi las penas

 por el rió grande se van mis sufrimientos 

 cada vez que miro sus aguas al atardecer, 

 como si en los arreboles de las laderas

 y las olas del paloma hacia abajo

 estuviese el amor de los indios

 que su inmenso corazón nos dejaron 

 y no nos damos cuenta que aquí vivieron,

 dicen que desaparecieron

 ¡nooooo 

 Aún existen y ellos le dan la fuerza a  nuestro canto 

 ¡canta indio o mestizo monte patrino

 aún que la vida te presente los escollos más difíciles 

 y las pruebas más dolorosas del destino

 ¡ canta al amanecer y en todo momento  

 canta cuando tu corazón más flaquee 

 y asi podamos abrir las melgas

 para los sombríos de nuestros hijos 

 que nos iran siguiendo en el camino

 ¡canta monte patrino

 hasta que te escuche  

 la voz de los indios que aquí primero sembraron

 y te escuchen los corazones de nuestros hijos

 que sembrarán mañana y siempre

 las semillas eternas de monte patria


 Pedro Humire Loredo

Pedro Humire Loredo / Parinacota

Iglesia de Parinacota

Me partes a mí

Y al tiempo,
Parinacota de los pedregales,
Lugar primero, madrugada del universo,
Iniciación de los sentimientos,
Donde piensa el viento grande
Y se encuentran las edades.

Cuando nos conocimos
Me envolviste con tu grito
Y tuve la sensación de hundirme

En tu perennidad,
Parinacota, residencia de mi espíritu.

Dejé marcada en tus adobes
Mí locura,
Y se partió la blanca pared de las casas
Cuando te conté aquello,
Parinacota de mi recuerdo.

Los dos llorábamos,
El ave bajó al arbusto
A sepultar su plumaje;
Más hará navegar su canto
Hoy y siempre,
En mi profundidad
Y en los reflejos de tu laguna.

Tristemente vimos a las vicuñas
Doblegar su salvaje trote frente a la muerte,
Pero desde aquel tiempo
Siento correr la dulce sensibilidad de ellos
Entre mi sangre,
Parinacota, mi necesario hallazgo.

¡Como estás en mi!
Que cuando te sueño
Me responde tu ventarrón,
Ese de tus tardes,
De tu lluvia,
De tus confidencias en esa blancura
Del tiempo de invierno,
De esos días en que buscas
Y corres riendo sobre tus penas
O llorando frente a tu encuentro.

Nuestra dulce desgracia, Parinacota,
Los dos la guardaremos,
No habrá mas quien la sepa.
Yo te entregué mi locura
Y tu me confiaste el frío de tu tristeza
En el lenguaje perenne de América…
Todo multiplicará entre tu y yo solamente.
Parinacota, maternal huella encontrada.

 

 Pedro Humire Loredo

jueves, 6 de agosto de 2020

Mirka Arriagada / Pompeya


 

¡Mi ciudad, mi amada, mi blanca! ¡Ah, esbelta, Escucha!
Escúchame, y yo soplaré dentro de ti un alma

E. Pound


Inexplicablemente
Las inmediaciones del Vesubio
Continúan habitadas
Hombres y mujeres
Duermen y despiertan
Abren sus negocios
Con una serenidad escalofriante

Debajo de Hiroshima
Encima de Sodoma
Las tres capas exactas de la extinción
Sal
Lava
Hidrógeno
Muerte con muerte y muerte
Remoción de escombros
Desenterrar
Imaginar la copa rota del volcán
Beber el trago amargo al seco espanto
Reconstruir los mapas de la profundidad

Yo no imagino la belleza de Pompeya
Sin su exterminio
Toda ella enroscada en el perro
Encadenado a su carbón
Ladrando en llaga infinita
Más allá el prostíbulo
De la Via dell’Abbundanza
La bella Smyrna
Cobrando las más inútiles monedas

Escucho el ruido del alabastro
Entrechocando al viento
Con los gritos de los niños
Atrapados en súbita ancianidad

Babel, Sodoma, Alejandría,
Jerusalem, Hiroshima, Bagdad,
Manhattan, Jenin, Ramala
Nos arrancan de la muerte individual
Lo que tememos es la muerte de la tribu
La muerte que mata al gusano
Que debió habitarnos

Arqueólogos
Retroexcavadoras
Carbono catorce
Debimos dejarla donde estaba
Preñada del Fénix y sus cenizas
Acaso sea sagrado
El espacio inmemorial
Donde se apagó la vida.


Mirka Arriagada

jueves, 2 de julio de 2020

Abd Al-Wahhab Al-Bayati / Bagdad


A pesar de lo que dure el diálogo de la distancia,
Bagdad seguirá siendo
sol incandescente,
fuente renovada,
fuego eterno,
visión cósmica
para la infancia del poeta.


Trad. María Luisa Prieto

miércoles, 8 de abril de 2020

Robinson Quintero Ossa / La otra Ítaca

Siempre se ha dicho:
el camino es largo
Para arribar a tal o cual Ítaca
hay obstáculos
extravíos
y pocos atajos
Se necesita de algo más que ardentía
y arrojo
Y se dice también
que al final de la ardua jornada
espera a cada uno la recompensa:
la paciencia es hermosura
después de la niebla hay sol
sacrificio añade sabiduría
Pero sé de lugares jamás encontrados
en los que el hombre ha quedado
en la intemperie
Si no es la dicha el mismo camino
si no es cada paso el puerto
no lo emprendas
No siempre se nos espera
No todos llegamos a tiempo

jueves, 5 de marzo de 2020

Constantino Cavafis / Los Dioses abandonan a Antonio

Constantino Cavafis / Los Dioses abandonan a Antonio


Cuando de pronto, a medianoche, oigas
pasar el tropel invisible, las voces cristalinas,
la música embriagadora de sus coros,
sabrás que la Fortuna te abandona, que la esperanza
cae, que toda una vida de deseos
se deshace en humo. ¡Ah, no sufras
por algo que ya excede el desengaño!
Como un hombre desde hace tiempo preparado,
Saluda con valor a Alejandría que se marcha.
Y no te engañes, no digas
que era un sueño, que tus oídos te confunden,
quedan las súplicas y las lamentaciones para los cobardes,
deja volar las vanas esperanzas,
y como un hombre desde hace tiempo preparado,
deliberadamente, con un orgullo y una resignación
dignos de ti y de la ciudad
asómate a la ventana abierta
para beber, más allá del desengaño,
la última embriaguez de ese tropel divino,
y saluda, saluda a Alejandría que se marcha.

Constantino Cavafis / Itaca

Constantino Cavafis / Itaca


Cuando emprendas el viaje hacia Itaca, ruega que tu camino sea largo
y rico en aventuras y descubrimientos.
No temas a lestrigones, a cíclopes o al fiero
Poseidón;
no los encontrarás en tu camino
si mantienes en alto tu ideal,
si tu cuerpo y alma se conservan puros. Nunca verás los lestrigones, los cíclopes o a
Poseidón,
si de ti no provienen,
si tu alma no los imagina.
Ruega que tu camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
cuando, con placer, llegues a puertos
que descubras por primera vez.
Ancla en mercados fenicios y compra cosas bellas: madreperla, coral, ámbar, ébano
y voluptuosos perfumes de todas clases.
Compra todos los aromas sensuales que puedas; ve a las ciudades egipcias y aprende de los sabios.
Siempre ten a Itaca en tu mente;
llegar allí es tu meta; pero no apresures el viaje. Es mejor que dure mucho,
mejor anclar cuando estés viejo.
Pleno con la experiencia del viaje
no esperes la riqueza de Itaca.
Itaca te ha dado un bello viaje.
Sin ella nunca lo hubieras emprendido;
pero no tiene más que ofrecerte,
y si la encuentras pobre, Itaca no te defraudó.
Con la sabiduría ganada, con tanta experiencia, habrás comprendido lo que las itacas significan.

Constantino Cavafis / LA CIUDAD

Constantino Cavafis / LA CIUDAD


Dijiste:
“Iré a otro país, veré otras playas;
buscaré una ciudad mejor que ésta.
Todos mis esfuerzos son fracasos
y mi corazón, como muerto, está enterrado.
¿Por cuánto tiempo más estaré contemplando estos
despojos?
A donde vuelvo la mirada,
veo sólo las negras ruinas de mi vida,
aquí, donde tantos años pasé, destruí y perdí.”

No encontrarás otro país ni otras playas,
llevarás por doquier y a cuestas tu ciudad;
caminarás las mismas calles,
envejecerás en los mismos suburbios,
encanecerás en las mismas casas.
Siempre llegarás a esta ciudad:
no esperes otra,
no hay barco ni camino para ti.
Al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,
la has destrozado en todo el universo.

Rachel Pommet / Caminando hacia Monserrate

Rachel Pommet / Caminando hacia Monserrate


Plenitud profunda al ver la ciudad desplegada bajo mi mirada.
Consciencia aguda de lo que me rodea y de lo que soy.
Vértigo.

Pinos agitados por la brisa andina, quemadura del sol en el rostro, pies arraigados a la tierra.
Felicidad de sentirse una con el paisaje.

Luz que brota de mis entrañas y que desciende la pendiente para abrazar Bogotá.
Nací de esta luz y por ella soy en el mundo.

***

Plénitude profonde à la vue de la ville déployée sous mes yeux.
Conscience aiguë de ce qui m’entoure et de ce que je suis.
Vertige.

Pins agités par la brise andine, brûlure du soleil sur le visage, pieds ancrés à la terre.
Joie de se sentir une avec le paysage.

Lumière qui jaillit de mes entrailles et dévale la pente pour embrasser Bogotá.
Je suis née de cette lumière et pour elle je suis au monde.

Luciano Erba / Año nuevo en Milán

Luciano Erba / Año nuevo en Milán


Se creía en Milán que el ver
un hombre en el umbral de casa,
yendo a misa el primero de enero,
era señal de próspero futuro.
Eran figuras negras con abrigos,
inciertas en la niebla matutina,
echarpes blancos, sombreros, lánguidos y duros
repiques de bastón, pasos lejanos.
¿Ahora dónde están, hombres augurales?
¿La larga onda de su presagio
rompe aún en la ribera de los años?
En una niebla entre nosotros siempre más espesa
me parece a veces entrever
un vuelo de capas proféticas.

Xavier Amorós / Pradell

Xavier Amorós / Pradell


En el pueblo de mi padre,
Pradell, Baix Priorat (hoy,
cuatrocientos habitantes),
no mataron a nadie durante la guerra.

Muertos hubo
más lejos, en las batallas;
muertos de Pradell que entre todos lloramos,
azotados por la tragedia sin rostro.

En el pueblo de mi padre
nadie tiene padrinos;
cuando llueve, llueve para todos.
No es muy lejos,
Pradell, Baix Priorat (hoy,
cuatrocientos habitantes),
avellanas y vino
y una cantera de yeso,
buena agua y buena sangre.

Ezra Pound / N.Y: Madison Ave. 1910

Ezra Pound / N.Y: Madison Ave. 1910


Mi ciudad: ¡querida y blanca! Oh menuda
Escucha…escúchame, y veras como respiro en tu alma.
Delicada como una caña. ¡Divísame!

Y ahora que se que estoy loco,
Ya que aquí un millón de personas se marean con el tráfico;
No tengo asistente.
Ni tampoco tocaría, aun tirando una caña.

Mi ciudad, mi querida ciudad;
Eres una asistente sin senos,
Y menuda como una caña plateada
¡Escúchame y divísame!
Y verás como respirare en tu alma,
Y así vivirás para siempre.

Hoda Al Naamani / Beirut

Hoda Al Naamani / Beirut


Beirut mi deseo ardiente

Una ciudad desea una ciudad
una ciudad bendice una ciudad
una ciudad toma una ciudad
todas las estrellas están apagadas
salvo las tuyas
todas las fuentes están sedientas
salvo las tuyas
todas las heridas sangran
salvo las tuyas
todas las cartas mienten
salvo las tuyas
todas las palabras son culpables
salvo las tuyas
todos los profetas han sido asesinados
salvo los tuyos.
¿Serían tus ojos los mantos de seda y las espigas de trigo?
¿Serían tus labios las cestas de higo y de anémona?
¿Sería tu boca un juego de niños y abanicos de pluma?
¿Serían tus manos collares de jazmín
y vergeles de naranja?
Esta ciudad está tirada hoy en la boca del dragón.
Sacudida después estremecida después
sacudida y estremecida.

Mil años de donaciones escondidas en tu pecho.
Mil años de perfumes, de pulseras en tus tobillos.

¡Mi deseo ardiente hacia Beirut, el rubí de la tierra y del cielo!
¡El ícono de la tierra y del cielo!

John Kennedy Toole / Nueva York: tres aspectos

John Kennedy Toole / Nueva York: tres aspectos


I

Nueva York
Es rígida y neutral
En el invierno.
Pero a veces una astilla
De sol pálido se posa en un edificio,
Dorando
Sus ventanales
Y reflejándose suavemente en el tráfico.

II

Nueva York
Es un bosque petrificado vertical
Oscuro, salido de una fábrica.
Un zarista
A cuarenta años de su helado terruño,
Atiende un kiosko de revistas
En la entrada del subte
De la estación Sheridan Square
Vendiendo traducciones griegas de Moses Hadas*
Y la Variedades portorriqueña.
Una heredera del East Side llama a un taxi
Con una mano manicurada cerosa y vieja,
Y en camino a su rendezvous
Deja atrás el desahucio de la Tercera Avenida.

III

Nueva York
Es el Arca de Noé de hoy.

Claudia Noguera Penso / Caracas mortal

Claudia Noguera Penso / Caracas mortal


 A veces cuesta levantarse en esta ciudad. Salir por cualquier puerta o resquicio puede significar el camino a la muerte, bajo el brazo inclemente de la miseria o simplemente del aburrimiento.
Pero también la ciudad puede ser amable y tierna, porque sé, con certeza, que estarás allí, ese espacio que ocupas me devuelve la calma y me prepara el camino para otros días de ausencia.
Así es esta ciudad, vive su vida, tuerce voluntades, nos atornilla a su destino. La contemplo y me doy cuenta que no tengo adonde ir, Caracas nunca pierde, no deja de latir (aun cuando tenga el pecho abierto y se esté desangrando).
En ocasiones cuando te vas siento que caigo, pero la ciudad me recuerda que estamos hechos a su imagen y semejanza.

Agustín Lara / Granada (canción)

Agustín Lara / Granada (canción)


Granada, tierra soñada por mí;
mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti.
Mi cantar hecho de fantasía, mi cantar, flor de melancolía,
que yo te vengo a dar.
Granada: tierra ensangrentada en tardes de toros;
el embrujo mujer que conserva
de los ojos moros,
te sueño rebelde y gitana cubierta de flores,
y beso tu boca de grana, jugosa manzana que me habla de amores.
Granada, manola cantada
en coplas preciosas,
no tengo otra cosa que darte
que un ramo de rosas,
de rosas de suave fragancia que le dieron marco a la Virgen morena...
Granada, tu tierra está llena
de lindas mujeres, de sangre y de sol.


Jaim Guri / Me parece...

Jaim Guri / Me parece...


Me parece estar guardando los muros de una ciudad
que murió hace ya mucho tiempo.

La luz que ahora me alumbra
es el resto de otra que se apagó hace mucho.

Paseo entre las cosas que relegó el tiempo,
y camino.
Ellas viven fuera del tiempo que se desvanece en el reloj.

Ellas vuelven a mí, vuelven a vivir lentamente en mí,
junto a los ceniceros,
junto a las frías tazas de café.

Camino mucho y adivino
y gozo de la duda.

Pero guardo los muros de una ciudad que murió hace ya mucho.

Rodolfo Edwards / en el transcurso de cincuenta metros...

Rodolfo Edwards / en el transcurso de cincuenta metros...


en el transcurso de cincuenta metros
y con diferencia de minutos
contemplé dos besos apasionados:
el primero
en la esquina de Perón y Callao
fueron dos besos largos
profundos
con intención de eternizarse
en una humedad
de lenguas permanentes
el segundo
en la entrada de un departamento
cerca del restaurant Cervantes
este beso fue cortito
pero inmensamente cariñoso
como una especie de resumen
o frasquito de azafrán
o jugo para diluir

la ciudad se arrodilló
ante los besadores
recuperó la esperanza
y desde el cielo
Dios guiñó un ojo
y todo se apagó de repente
pero se volvió
a encender enseguida.

Julio Flórez / A Bogotá

Julio Flórez / A Bogotá


Poem

I

Oh mi ciudad querida, hoy tan lejana y tan inaccesible a mi deseo, que al evocarte en mi memoria creo que fuiste un sueño de mi edad temprana!

Te evoco así, como a quimera vana, y al evocarte, sin cesar te veo resplandecer bajo el ardor febeo sobre la gran quietud de la sabana.

Y al pensar que en ti van, hora tras hora, sucumbiendo los seres que amé tanto y que la tierra sin cesar devora,

surges bajo la nube de mi llanto, no como ayer: alegre y tentadora, sino como un inmenso camposanto.

II

¡Oh mi bella ciudad! Cómo en tu seno vibró mi ser y aleteó mi rima cuando en tu corazón hallé la cima que asalta el rayo y que apostrofa el trueno.

Te poseí bajo tu azul sereno, entre el halago dulce de tu clima, y te ofrendé mi juventud opima con tanto ahínco y con amor tan pleno,

que en las tinieblas de tus noches frías y hasta en tus más recónditos rincones deben sonar, cual ecos de otros días:

los sollozos de todas mis canciones, los estruendos de todas mis orgías y los gritos de todas mis pasiones!