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martes, 7 de julio de 2020

Mahmud Darwish / Tengo la sabiduría del condenado a muerte


Tengo la sabiduría del condenado a muerte:
No tengo cosas que me posean.
He escrito mi testamento con mi sangre:
¡Confiad en el agua, moradores de mis canciones!
He dormido ensangrentado y coronado con mi mañana...
He soñado que el corazón de la tierra era mayor que
Su mapa
Y más claro que sus espejos y mi cadalso.
He creído que una nube blanca me
Ascendía,
Como si yo fuera una abubilla con el viento por alas.
Y al alba, la llamada del sereno
Me despierta de mi sueño y de mi lenguaje:
Vivirás en otro cadáver.
Modifica tu último testamento.
Se ha retrasado la fecha de la segunda ejecución.
¿Hasta cuándo?, pregunto.
Esperaré a que mueras más.
No tengo cosas que me posean, respondo,
He escrito mi testamento con mi sangre:

¡Confiad en el agua,
moradores de mis canciones!
Y yo, aunque fuera el último,
Encontraría las palabras suficientes...
Cada poema es un cuadro.
Pintaré ahora para las golondrinas
El mapa de la primavera,
para los que pasan por la acera, el azufaifo
y para las mujeres el lapislázuli...
El camino me llevará
Y yo le llevaré a hombros
Hasta que las cosas recobren su imagen
Verdadera,
Luego oiré lo genuino:
Cada poema es una madre
Que busca a su hijo en las nubes,
Cerca del pozo de agua.
Hijo, te daré el relevo.
Estoy encinta.
Cada poema es un sueño.
He soñado que soñaba.
Me llevará y le llevaré
Hasta que escriba la última línea
En el mármol de la tumba:
Me he dormido para volar.
Y llevaré al Mesías zapatos de invierno
Para que camine como los demás
Desde lo alto de la montaña hasta el lago.


Gonzalo Millán / La ciudad 48


El río invierte el curso de su corriente
El agua de las cascadas sube
La gente empieza a caminar retrocediendo
Los caballos caminan hacia atrás
Los militares deshacen lo desfilado
Las balas salen de las carnes
Las balas entran en los cañones
Los oficiales enfundan sus pistolas
La corriente penetra por los enchufes
Los torturados dejan de agitarse
Los torturados cierran sus bocas
Los campos de concentración se vacían
Aparecen los desaparecidos
Los muertos salen de sus tumbas
Los aviones vuelan hacia atrás
Los Rockets suben hacia los aviones
Allende dispara
Las llamas se apagan
Se saca el casco
La Moneda se reconstituye íntegra
Su cráneo se recompone
Sale a un balcón
Allende retrocede hasta Tomás Moro
Los detenidos salen de espaldas de los estadios
11 de septiembre
Las fuerzas armadas respetan la Constitución
Los militares vuelven a sus cuarteles
Renace Neruda
Víctor Jara toca la guitarra, canta
Los obreros desfilan cantando “venceremos”.


Gonzalo Millán



Pablo Neruda / España en el corazón

 

Madrid 1936

 
Madrid, sola y solemne.
Julio te sorprendió con tu alegría de panal pobre.
Clara era tu calle, claros eran tus sueños.
Un hipo negro,
una ola de sotanas rabiosas
rompió entre tus rodillas sus cenegales aguas,
sus ríos de gargajos.
Con los ojos heridos todavía de sueño,
con escopetas y piedras,
Madrid, recién herida,
te defendiste,
corrías por las calles dejando estelas de tu santa sangre,
lamiendo y llamando con una voz de océano
con un rostro cambiado para siempre
por la luz de la sangre
como una vengadora montaña
como una silbante estrella de cuchillos.
 
Cuando en la sacristía de la traición
entró tu espada ardiendo,
no hubo sino silencio de amanecer,
no hubo sino tu paso de banderas
y una honorable gota de sangre en tu sonrisa.
 
Preguntaréis: ¿Dónde están las lilas?
Y la metafísica cubierta de amapolas?
Y la lluvia que a menudo golpeaba
sus palabras llenándolas
de agujeros y pájaros?
 
Os voy a contar todo lo que me pasa.
 
Yo vivía en un barrio
de Madrid, con campanas,
con relojes, con árboles.
 
Desde allí se veía
el rostro seco de Castilla
como un océano de cuero.
Mi casa era llamada
la casa de las flores, porque por todas partes
estallaban geranios: era
una bella casa
con perros y chiquillos.
Raúl, te acuerdas?
Te acuerdas, Rafael?
Federico, te acuerdas
debajo de la tierra,
te acuerdas de mi casa con balcones en donde
la luz de junio ahogaba flores en tu boca?
Hermano, hermano!
 
Todo
eran grandes voces, sal de mercaderías,
aglomeraciones de pan palpitante,
mercados de mi barrio de Arguelles con su estatua
como un tintero pálido entre las merluzas:
el aceite llegaba a las cucharas,
un profundo latido
de pies y manos llenaba las calles,
metros, litros, esencia
aguda de la vida,
pescados hacinados,
contextura de techos con sol frío en el cual
la flecha se fatiga,
delirante marfil fino de las patatas,
tomates repetidos hasta el mar.
 
Y una mañana todo estaba ardiendo
y una mañana las hogueras
salían de la tierra
devorando seres,
y desde entonces fuego,
pólvora desde entonces,
y desde entonces sangre.
 
Bandidos con aviones y con moros,
bandidos con sortijas y duquesas,
bandidos con frailes negros bendiciendo
venían por el cielo a matar niños,
y por las calles la sangre de los niños
corría simplemente, como sangre de niños.
 
Chacales que el chacal rechazaría,
piedras que el cardo seco mordería escupiendo,
víboras que las víboras odiaran!
 
Frente a vosotros he visto la sangre
de España levantarse
para ahogaros en una sola ola
de orgullo y de cuchillos!
 
Generales
traidores:
mirad mi casa muerta,
mirad España rota:
pero de cada casa muerta sale metal ardiendo
en vez de flores,
pero de cada hueco de España
sale España,
pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos,
pero de cada crimen nacen balas
que os hallarán un día el sitio
del corazón.
 
Preguntaréis por qué su poesía
no nos habla del sueño, de las hojas,
de los grandes volcanes de su país natal?
 
Venid a ver la sangre por las calles
venid a ver
la sangré por las calles,
venid a ver la sangre
por las calles!


 

 

Antonio Machado / El mañana efímero

 

A Roberto Castrovido.

La España de charanga y pandereta, 
cerrado y sacristía, 
devota de Frascuelo y de María, 
de espíritu burlón y alma quieta, 
ha de tener su mármol y su día, 
su infalible mañana y su poeta. 
El vano ayer engendrará un mañana 
vacío y por ventura pasajero. 
Será un joven lechuzo y tarambana, 
un sayón con hechuras de bolero, 
a la moda de Francia realista 
un poco al uso de París pagano 
y al estilo de España especialista 
en el vicio al alcance de la mano. 
Esa España inferior que ora y bosteza, 
vieja y tahúr, zaragatera y triste; 
esa España inferior que ora y embiste, 
cuando se digna usar la cabeza, 
aún tendrá luengo parto de varones 
amantes de sagradas tradiciones 
y de sagradas formas y maneras; 
florecerán las barbas apostólicas, 
y otras calvas en otras calaveras 
brillarán, venerables y católicas. 
El vano ayer engendrará un mañana 
vacío y ¡por ventura! pasajero, 
la sombra de un lechuzo tarambana, 
de un sayón con hechuras de bolero; 
el vacuo ayer dará un mañana huero. 
Como la náusea de un borracho ahíto 
de vino malo, un rojo sol corona 
de heces turbias las cumbres de granito; 
hay un mañana estomagante escrito 
en la tarde pragmática y dulzona. 
Mas otra España nace, 
la España del cincel y de la maza, 
con esa eterna juventud que se hace 
del pasado macizo de la raza. 
Una España implacable y redentora, 
España que alborea 
con un hacha en la mano vengadora, 
España de la rabia y de la idea.


Antonio Machado
 

sábado, 4 de julio de 2020

Ignacio Valente / Nicanor Parra: Poesía Política


Un prejuicio originado en los tiempos de la "poesía pura", y exacerbado en esta década nuestra de receso político, pretende que los problemas de la polis vendrían a ensuciar la pureza de las esencias líricas, engendrando una poesía panfletaria e ideológica de calidad inferior. Esta idea no resiste la menor confrontación con la historia de la literatura. Los grandes poetas griegos, latinos, medievales, modernos y contemporáneos han hecho "poesía política" en una medida considerable. Podríamos citar, en nuestro siglo, una gran variedad de registros: el tono profético de Trakl, George y Edith Sitwel; la manera mixta -la perspectiva intimista personal de Kavafis, Machado, Eliot, Quasimodo y Pasternak; el mesianismo de Blok, la fantasía irónica de Maiakovski, la militancia abierta y programática de Brecht, Aragon, Alberti y, muy especialmente el propio Neruda. Es verdad que este último cae a menudo en lo panfletario, en lo pedagógico, en la explicación y la apología, haciendo evidente la especial dificultad del género; pero, sin duda, es autor de cierta gran poesía política. También lo es Nicanor Parra a su peculiar manera, que en contraste con la seriedad nerudiana -un contenido revolucionario bajo un lenguaje "tradicional"-, consigue la subversión más íntegra del lenguaje mismo, operando a través de ese elemento político por excelencia que es su ironía. 

Esta antología de su Poesía política (Editorial Bruguera), con brioso prólogo de Enrique Lafourcade, se remonta desde 1950 hasta hoy mismo. Contiene excelentes poemas que no son políticos -como "Defensa de Violeta Parra"- otros que lo son en sentido amplio -batallas campales de robots y energúmenos, fantasmas ecológicos, crítica de la vida nacional- y muchos que son políticos en sentido propio y directo. Quienes piden a esta poesía "tomar partido" se sorprenden de la ubicuidad ideológica del autor, que hace posible leer sus poemas -escritos en su mayoría durante los cuatro últimos regímenes del país- en forma casi intercambiable. Obviamente hay muchos que llevan inscrito su momento y su blanco: la Unidad Popular en poemas como éstos: "Revolución / revolución/ cuántas contrarrevoluciones /se cometen en tu nombre", o "La realidad no cabe en un zapato chino / menos aún en un bototo ruso"; mientras que se trata de hoy en versos como éstos :"Bese la bota que lo pisotea/ no sea puritano hombre x Dios" o bien: "Ayer /de tumbo en tumbo/ hoy/ de tumba en tumba". En cambio, son casi intemporales las referencias de poemas como "Los límites de Chile" que en 1968 dice: "Chile limita al Norte con el Cuerpo de Bomberos,/ al Sur con el Ministerio de Educación,/ al Este con la Cordillera de Nahuelbuta / y al Oeste con el vacío de las olas del Océano que se nombró más arriba, /al Sur con González Videla./ En el medio hay una gran plasta rodeada de militares, curas y normalistas/ que succionan a través de cañerías de cobre". Incluso, hay en la antología poemas dobles o "correspondientes", cuyo núcleo es el mismo, pero que se matizan de otro modo, según el régimen contra el cual apuntan. 

Esta versatilidad ideológica ha valido al autor, desde cierta izquierda, el reproche de "payaso de la burguesía". Es lo previsible para un autor que dispara casi simultáneamente contra los cuatro puntos cardinales, que vive rompiendo los esquemas y las etiquetas, y que apenas se dejaría tipificar con el vago título de anarquista. En lo formal, a su vez, hay una ambigüedad intrínseca a sus propias herramientas poéticas, como la propiedad ventrílocua de la poesía dramática: "Cuándo van a entender/ éstos son parlamentos/ dramáticos/ Éstos no son/ pronunciamientos/ políticos". Algo parecido cabría añadir de su ironía, por naturaleza ubicua y giratoria, también llegado el caso, de su habilidad para hablar entre líneas: "Confío 100% en el lector/ estoy convencido de que hasta los.../civiles / son capaces de leer entre líneas".

Más interesante que el trabajo convencional de clasificar al poeta político es el análisis de su forma de operar políticamente en el interior del lenguaje. A este respecto, yo le aplicaría los conceptos que un brillante ensayista chileno, Martín Hopenhayn, usa para definir la operación verbal y crítica de Kafka, salvadas las diferencias de la analogía. Hopenhayn llama "literatura del trapecio" a la que exagera ciertas facciones de su objeto -como una caricatura- para vulnerarlo y trascenderlo: lo violenta, lo empuja hasta sus límites y así patentiza su limitación; enfrenta el lenguaje como discurso ideológico y justificación del orden, el lenguaje como discurso insurrecto: "El escritor es un trapecista que le vende el alma al diablo para derrotarlo". Pues bien, la poesía política de Parra es muy esencialmente una "literatura del trapecio" y también , si queremos, del baile en la cuerda floja. Cuando Parra asume de cierto orden establecido expresiones como "por la libre determinación de los pueblos/ por un mundo sin explotadores/ el orden público está asegurado", lo que hace es precisamente invertir el sentido del discurso ideológico: subvertir. De un slogan convencional extrae su efecto inverso, la caricatura que lo hiere y trasciende: "La izquierda y la derecha unidas/ jamás serán vencidas".

La ironía política y el humor negro de Parra inyectan en el interior de un discurso convencional ya dado una carga de profundidad, una bomba de tiempo. Recordemos el enunciado de los típicos acertijos matemáticos para darnos cuenta de la operación verbal subversiva que el poeta cumple al reescribir sobre la base implícita de esa convención: "Poema/ Problema:/ Ciento 4 civiles en un cajón/ cuántas orejas y patas son". Un mecanismo análogo opera en el terrible humor negro de este Chiste: "De aparecer apareció/ pero en una lista de desaparecidos".

Es evidente que no todos los poemas políticos de Parra se dejan explicar por este procedimiento, pero eso ocurre con muchos de ellos, y sobre todo con los mejores. Hay otros que pagan un excesivo tributo a la idea, a la conclusión o moraleja, sin verbalizar la operación subversiva. Pero la antología está sembrada de esos aciertos que justifican el título -Poesía política- como sólida dimensión de su entera obra poética.

  

En: El Mercurio, Santiago, 18 de diciembre de 1983, p.E3



viernes, 1 de mayo de 2020

La poesía es un arma cargada de futuro / Gabriel Celaya


María Berasarte "La poesía es un arma cargada de futuro" LIVE
Música: Paco Ibáñez y Letra: Gabriel Celaya
Piano: Iñaki Salvador


Paco Ibáñez canta a Gabriel Celaya - La poesía es un arma cargada de futuro


La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
más se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
que golpea las tinieblas.

Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades;
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades,
amorosas crueldades.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos, dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo,
cultural por los neutrales, que lavándose las manos
se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido,
partido hasta mancharse. (1)

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren.
Y canto respirando. Canto y canto y cantando
más allá de mis penas,
de mis penas personales, me ensancho,
me ensancho.

Quiero daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso, con técnica, que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España,
a España en sus aceros. (2)

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.