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sábado, 16 de mayo de 2020

Pablo Neruda / Alturas de Machu Pichu - Canto VI


Esta fue la morada, este es el sitio:
aquí los anchos granos del maíz ascendieron
y bajaron de nuevo como granizo rojo.

Aquí la hebra dorada salió de la vicuña
a vestir los amores, los túmulos, las madres,
el rey, las oraciones, los guerreros.

Aquí los pies del hombre descansaron de noche
junto a los pies del águila en las altas guaridas
carniceras, y en la aurora
pisaron con los pies del trueno la niebla enrarecida
y tocaron las tierras y las piedras
hasta reconocerlas en la noche o la muerte.

Miro las vestiduras y las manos,
el vestigio del agua en la oquedad sonora,
la pared suavizada por el tacto de un rostro
que miró con mis ojos las lámparas terrestres,
que aceitó con mis manos las desaparecidas
maderas: porque todo, ropaje, piel, vasijas,
palabras, vino, panes,
se fue, cayó a la tierra.

Y el aire entró con dedos
de azahar sobre todos los dormidos:
mil años de aire, meses, semanas de aire,
de viento azul, de cordillera férrea,
que fueron como suaves huracanes de pasos
lustrando el solitario recinto de la piedra.


La creación mapuche / Tren - Tren y Kai - Kai Filú


Miles de lunas atrás, antes de el genocidio coronado por la espada y la cruz en manos de los colonizadores, Chau Padre gobernaba el cielo y la tierra junto a Kushe Madre. De día, Chau Padre iluminaba y vigilaba sus creaciones, el cielo, las estrellas, nubes, ríos, bosques, lagos, cerros y la tierra donde podían vivir todas las criaturas vivientes, entre ellas, los mapuches. Por la noche, Kuche madre velaba el sueño de todas sus amadas criaturas.

Con el pasar del tiempo, algunos de sus hijos comenzaron a manifestar un impulso de rebelión espiritual, azuzando a sus hermanos a negar y desconocer la influencia y el poder de Chau Padre en sus corazones y en el mundo en que habitaban. Dicen los abuelos de nuestros abuelos que Chau Padre sufría profundamente por la ingratitud y agravios de sus hijos, al mismo tiempo que paulatinamente crecía en él una rabia incontrolable contra sus insolentes y rebeldes hijos. Kushe Madre en su infinito amor por ellos, intentaba calmarlo pidiéndole que no les diera importancia y los perdonara.

Chau Padre, desoyendo las súplicas de Kuche Madre, explotó iracundo en llamas como los volcanes, con todas sus fuerzas tomo a todos sus ingratos hijos, los elevo hasta las nubes y los arrojó con fuerza sobre las montañas rocosas. La cordillera tembló brutalmente hasta sus entrañas, con los impactos de los cuerpos gigantescos, los cuales se hundieron en la roca firme y en la tierra se formaron dos inmensos cráteres.

Kushe Madre, desesperada queriendo ser testigo de lo que ocurría con sus amados hijos, abrió una ventana luminosa en el cielo que hoy conocemos con el nombre Kuyén o Madre Luna, ventana que desde entonces vigila el sueño de los hombres. Kushe Madre se precipitó hacia la tierra entre las nubes con un llanto ciego y desgarrado, dejando caer enormes lágrimas sobre la cima de las montañas que inundaron rápidamente los profundos cráteres dejados por el impacto de los jóvenes. Se formaron así dos inmensos lagos vecinos, el Lacar y el Lolog, brillantes y cristalinos como el rostro de Kushe y profundos como la enorme pena que destrozaba su corazón.

Dicen los abuelos de nuestros abuelos que cuando el gran Chau Padre volvió a la calma, abrió una gran ventana redonda en el cielo para mirar lo ocurrido, esa ventana sería conocida como Antú, el Padre Sol, y su misión desde entonces es prodigar abrigo a todas las criaturas y alentar la vida en su eterno nacer y morir día tras día.


Miles de lunas después Chau Padre y Kushe Madre esperanzados volvieron a crear la vida en la tierra. Esta vez el hijo único y primer hombre creado se sentía terriblemente solitario. Con tristeza miró hacia el cielo estrellado diciendo: “¿Padre, porqué he de estar solo?”. Ngnechén el espíritu progenitor lo escuchó compasivo y dijo a Chau Padre “En realidad necesita una compañera”

Pronto enviaron desde lo alto una primera mujer de cuerpo suave y grácil, la que cayó dócilmente sobre la tierra. El cuerpo desnudo de la mujer sintió mucho frío, para evitar morir helada, echó a caminar por días y días. Y sucedió que a cada paso suyo crecía la espesa hierba y brotaba el dulce aroma de las flores, y cuando juguetona, su tierna voz entono un canto melodioso, de su boca brotaron mariposas e insectos a raudales. Muy pronto llego hasta los oídos del hijo creado Lituche, el armónico sonido del canto de aquella ninfa.

Cuando estuvieron uno frente al otro, dijo ella: -Qué hermoso eres, ¿cómo he de llamarte?. -Yo soy Lituche, el hombre del comienzo – replicó él. -Yo soy Domo, la primera mujer, estaremos juntos por siempre y amándonos haremos florecer la vida – dijo ella. -Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra – dijo Lituche.

Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar-ruka, el cielo se pobló de nuevos cherruves (espíritus). Estos traviesos cherruves eran temibles torbellinos. Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo harina y con ella panes y así aguardo en calma y esperaron en tranquilidad la llegada del gélido invierno. Domo cortó la lana de una robusta oveja, luego con las dos manos, frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes enrolló la hebra y comenzó a entrecruzarlas. Teñidas con raíces y hojas frescas, nacen sus tejidos de colores naturales y armoniosos.

Pasó el tiempo y los hijos de Lituche y Domo trajeron otros hijos y estos a otros hijos y así la tribu se fue multiplicando y poblando el territorio desde el mar hasta la cordillera.


Mucho tiempo después, tuvo lugar un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir indómitas hacia la tierra, guiadas por la serpiente gigante Kai-Kai Filu. Al darse cuenta de que sus hijos corrían grave riesgo, Chau Padre busco una arcilla especial y modeló una serpiente benefactora Tren-Tren, con la misión de proteger a los hombres, Tren- Tren hizo crecer la cima de la cordillera más y más para que en ella se pudiesen defender los hombres de la ira de Kai-Kai Filu. Luego de la victoria de Tren- Tren, las aguas regresaron al lecho marino calmas y espumosamente dóciles.

Comenzaron entonces a bajar los sobrevivientes desde los cerros cordilleranos. Desde ese momento, cuentan los abuelos de nuestros abuelos a estos hombres se les conoce como «Hombres de la tierra» Mapuches.

Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú- la luna y el sol-se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra.

El mismo Chau Padre descendió a la tierra para ver con sus propios ojos los frutos de su obra. Chau padre apareció un día entre los mapuches como si fuera uno más, cubierto su cuerpo por un cuero y con la cabeza desnuda. Les enseño a cumplir los trabajos y a respetar los ciclos del tiempo asociados al arte de la siembra, el riego y la cosecha, la elección de las semillas y la conservación de los alimentos. Les hizo un gran regalo: el fuego. Así fue como el padre obtuvo otro nombre: Küme Huenu, que quiere decir “lo bueno del cielo”, como lo llamaron los hombres.

Chau Padre pleno de gozo, volvió a su casa y paso otro tiempo muy largo, tan prolongado que la gente se fue olvidando poco a poco de las enseñanzas que había recibido, dejaron de ser buenos y empezaron a pelearse entre sí; los propios descendientes de sus hijos hablaban de sus antepasados sin ningún respeto. Y mientras, se quejaban de todo e insultaban mirando al cielo. Los hombres se robaban y asesinaban entre ellos.
Cada vez que se asomaba a contemplar el estado de su creación, el gran Chau Padre se daba vuelta enseguida y apretaba los labios con amargura.

La humanidad desafío nuevamente el orden celestial de Chau Padre, el cual propicio la acción destructora de la serpiente Kai-Kai Filu la cual agitando violentamente su cola producía gigantes olas de espuma blanca, aterrando y ahogando a la comunidad por su débil espíritu y su mala conducta. La serpiente benefactora Tren-Tren vivía en la montaña de la salvación y desde ahí lanzó su silbido de alerta, el que se coló como viento por todas las quebradas, convocando a todos los mapuches.

El pueblo huyo aterrado hacia las alturas de los cerros, acosados y diezmados por la furia de las enormes olas, agitadas por los violentos movimientos de la cola de la serpiente Kai-Kai Filu, que poco a poco atrapaba a los hombres de la tierra ahogándolos despiadadamente. Por su parte el gran Chau Padre enviaba afilados rayos de fuego que terminaban por aniquilar a los que lograban sobrevivir a la gigantesca inundación.

Todos murieron, menos un niño y una niña que sobrevivieron en el abismo profundo de una grieta en la cima cordillerana. Únicos seres humanos de la tierra, crecieron sin padre ni madre, desabrigados de palabras y cariño, amamantados por una zorra y una puma, comiendo los yokones que crecían en las alturas. De ese niño y esa niña descienden todos los mapuches, resucitados.



Pablo Neruda / Vegetaciones


A las tierras sin nombres y sin números
bajaba el viento desde otros dominios,
traía la lluvia hilos celestes,
y el dios de los altares impregnados
devolvía las flores y las vidas.

En la fertilidad crecía el tiempo.

El jacarandá elevaba espuma
hecha de resplandores transmarinos,
la araucaria de lanzas erizadas
era la magnitud contra la nieve,
el primordial árbol caoba
desde su copa destilaba sangre,
y al Sur de los alerces,
el árbol trueno, el árbol rojo,
el árbol de la espina, el árbol madre,
el ceibo bermellón, el árbol caucho,
eran volumen terrenal, sonido,
eran territoriales existencias.
Un nuevo aroma propagado
llenaba, por los intersticios
de la tierra, las respiraciones
convertidas en humo y fragancia:
el tabaco silvestre alzaba
su rosal de aire imaginario.
Como una lanza terminada en fuego
apareció el maíz, y su estatura
se desgranó y nació de nuevo,
diseminó su harina, tuvo
muertos bajo sus raíces,
y, luego, en su cuna, miró
crecer los dioses vegetales.
Arruga y extensión diseminaba
la semilla del viento
sobre las plumas de la cordillera
espesa luz de germen y pezones,
aurora ciega amamantada
por los ungüentos terrenales
de la implacable latitud lluviosa,
de las cerradas noches manantiales,
de las cisternas matutinas.
Y aún en las llanuras
como láminas de planeta,
bajo un fresco pueblo de estrellas,
rey de la hierba, el ombú detenía
el aire libre, el vuelo rumoroso
y montaba la pampa sujetándola
con su ramal de riendas y raíces.

América arboleda,
zarza salvaje entre los mares,
de polo a polo balanceabas,
tesoro verde, tu espesura.
Germinaba la noche
en ciudades de cáscaras sagradas,
en sonoras maderas,
extensas hojas que cubrían
la piedra germinal, los nacimientos.
Útero verde, americana
sabana seminal, bodega espesa,
una rama nació como una isla,
una hoja fue forma de la espada,
una flor fue relámpago y medusa,
un racimo redondeó su resumen,
una raíz descendió a las tinieblas.


La Creación Kawashkar / El hijo del canelo


Se cuenta que hace muchísimo tiempo, como un presagio anterior al exterminio a manos del invasor, en la costa occidental de la isla Wellington, y en otros lugares de la Patagonia occidental, habitaron monstruosos animales, engendros de bestiales fauces, guairabos gigantes, pulpos, ballenas y gaviotas descomunales, tiuques, cormoranes y cuervos gigantes que arrasaban con toda vida humana que encontraban a su paso dispuestos a devorarlos.

Hubo clanes donde no quedó una sola mujer con vida, las monstruosas bestias las aniquilaron a todas junto a sus niños. Solo lograron sobrevivir dos hombres que en el momento de las matanzas se hallaban lejos, en labores de caza para el sustento familiar.

En ese tiempo, en la isla no existía más que un solo árbol un canelo y se dice que de él nació, como una semilla, un hombre. Por la noche, mientras los dos sobrevivientes lloraban la muerte de sus esposas e hijos, oyeron el desolador llanto de un infante. Fueron en busca de esos lamentos guiados por el viento indómito que transportaba el agudo e insistente sonido de esas lagrimas. Finalmente encontraron a un bebe desamparado a los pies del canelo. Si bien los hombres lo acogieron, creyeron que pronto moriría, pues no tenían leche materna para alimentarlo y solo pudieron hacerlo dándole comer carne de pajaritos. Mas vieron que esta criatura era un ser excepcional: después de algunos días se deslumbraron al ver que el niño ya era todo un hombre. Desde entonces se le conoció como el Hijo del Canelo.

El Hijo del Canelo les dijo que aquel árbol era su madre y no permitiría que nadie lo tocara, lo rasmillara ni arrancara su corteza. Ningún animal de la isla se atrevió a hacerle daño al Canelo porque su hijo era muy alto, grande y robusto, y tenía el don de hacerse adulto o niño a su voluntad. Por esto le llamaron Alape (Alto).

Los hombres que lo habían recogido no dejaban que Alape se alejara de la choza temiendo que los bestiales animales gigantes, siempre con sus fauces y garras al acecho, lo devoraran. Mas sus advertencias solo sembraron en él las ansias de ir a cazarlos y para tal fin confeccionó un arpón de piedra y duras raíces.


Un día, los hombres vieron aquel arpón y el Hijo del Canelo les mostró a la distancia sobre el mar a uno de los engendros que tiempo atrás devoraron a su gente diciéndoles: “Eso es lo que yo quiero cazar”. Así, Alape partió a la playa, se sumergió en las aguas y enfrentó los afilados tentáculos de aquel animal insertando su arpón en la cabeza de la bestia. Luego de esta ardua y agotadora faena regresó a la choza y preguntó a los hombres: “¿Dónde está el pájaro que andaba merodeando?”. Ellos le respondieron que no continuara con esta cacería, pues el resto de los monstruosos animales lo aniquilarían en venganza. Pero él prosiguió: “¿Dónde vive el monstruo?”. Y ellos le contestaron: “En el seno”. El joven se embarcó y luego de remar por largo rato avistó al ave gigante. Mientras dormía se aproximó a ella y con su arpón atravesó su duro y tupido plumaje junto con su corazón. De este modo Alape, el Hijo del Canelo se transformó en el héroe que exterminó a las temibles criaturas.
Al tiempo los dos hombres, al ver que no existían amenazas monstruosas, remaron y remaron hacia otras islas cercanas en busca de nuevas esposas y nuevos hijos dejando a Alape junto a su amada madre El Canelo.

Tiempo después, apareció un solitario hombre en la isla al cual Alape tomó a su cuidado, advirtiéndole que debía proteger al canelo, porque era más que un árbol, era su madre. Y el hombre se esmero en cuidar y mantener limpio el canelo, mientras su hijo estaba lejos.


Cierta día, mientras descuidadamente frotaba dos ramitas secas, Alape descubrió el fuego. Su compañero se asustó mucho y apagó la flama, por temor a esas desconocidas lenguas azules y rojas. Varias veces durante ese día, Alape hizo brotar el fuego, pero su compañero insistía en apagarlo, hasta que llegó la gélida noche y ambos se percataron de que las llamas los alumbraban y mantenía abrigados.

Durante mucho tiempo pensaron que estaban solos en el mundo, más un día se encontraron en la isla con un hombre que no tenía abrigo, caminaba completamente desnudo, tampoco conocía el fuego, por que vieron que todo lo comía crudo y a los animales que cazaba les sorbía la sangre. Este hombre les conto que se encontraba extraviado y que tenía una mujer y una hija soltera abandonadas en una isla cercana y que podrían haber sido devoradas por lo monstruos. Alape navego afanosamente bajo tormentosas lluvias por días y días hasta que pudo encontrarlas.

Al fin, Alape el Hijo del Canelo y la hija de ese hombre se casaron y tuvieron un hijo, al que llamaron Arco Iris.


Pablo Neruda / Canto General - Amor América 1400


Antes que la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales:
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno 5 sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla, fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban
escritas.
Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.


Bárbara Délano / Acerca del poeta


Los soles al chocar
dejaban su estela innumerable de sonidos
que el hombre nunca pudo oírlos planetas rotaron
y el mar dando vueltas
extrañamente nunca se caía
Los hombres seguían levantando
sus manos extendidas sobre el cielo
Los dedos de las mujeres tocaban el vientre de sus hijos
y ellos besaron largas noches
los pechos de luna donde se bañaban
las sirenas y los delfines ciegos
Nunca vimos un atardecer en Marte
Los días pasaban
rigurosamente
El tiempo seguía dentro de los caracoles
ascendiendo y descendiendo su fatal escala

Nadie sabía los nombres de las cosas
y cuando se dijo atrás
se disparaba a un hombre
y cuando se dijo mano
caía un pájaro
y cuando se dijo tierra
sonó un mar de huesos y calaveras
fue el poeta el que le puso nombre a las cosas
y las cosas desde entonces fueron dóciles y amargas
y amigas del hombre
y se dijo harina
y hubo pan
y se dijo bomba
y fue Hiroshima
y se dijo beso y hubo bocas
desde entonces las cosas vivieron
y bailaron con el hombre durante los siglos
y vino el poeta y presenciamos el atardecer más rojo
de Marte
y cada vez que chocó una estrella con un cometa
escuchamos un ruido de papel arrugado

Si hay algo aquí adentro
que venga un poeta y se siente a la mesa
que venga un poeta y encienda la luz y busque el volcán
si alguna palabra queda por decir
que venga el poeta y tome desayuno
y dé besos y haga espejos de cada pupila rota y amarilla

Un globo roto en las manos de un niño
un auto que se detiene
un hombre que muere
una mujer compra el pan
cinco hombres se mueren
una bibliotecaria hace ssshht
treinta hombres asesinados
un obrero se arremanga la camisa
cincuenta hombres desaparecidos
una hoja cae de un árbol
el poeta da el último grito
sus amigos aúllan como una sirena
camino al cementerio
y las cosas ahí se quedaron
esperando que su mano resucite
para que este globo pájaro
siga aleteando como un feto de gorrión
en el espacio celeste.

La Creación Selknam / Kenos


Kenos fue el primero de todos los hombres en la tierra. Fue creado por Temaukel. Cuando Kenos llego a la tierra, ésta era muy distinta, era plana, sin forma, sin montañas. No existían los océano, ríos ,ni lagunas. No existía el frío, ni las tormentas ni los vientos. Tampoco existían el sol, la luna y las estrellas.
Kenos tuvo que organizar las cosas en la tierra. Lo primero que hizo fue recorrer y observar todos los rincones del mundo. Al ver el extremo sur de América dijo: “aquí vivirán los selk´nam”.


Entonces Kenos tomó un puñado de tierra, lo presiono entre sus manos exprimió el agua y lo depositó en el suelo. Luego tomó otro puñado, también exprimió el agua y lo dejó junto al primero. Durante la noche, los dos puñados de tierra se unieron y se formó el primer ser humano. Luego ambos terrones se volvieron a separar. La siguiente noche se unieron y formaron otro ser humano, y así sucesivamente todas las noches, hasta que se la tierra fue poblada por los selk´nam.
Debido a que los terrones eran de tierra húmeda y oscura, la piel de los selk´nam también lo es.
Todos los antepasados que envejecían se hacían envolver en su pieles y se tendían en el suelo húmedo, inmóviles. Después de algunos días despertaban, comenzaban a hablar y se levantaban. Entonces iban donde Kenos, que al lavar sus cuerpos los rejuvenecía. Así regresaban jóvenes y fuertes donde sus familias y volvían a envejecer lentamente.


Sólo cuando no deseaban levantarse se convertían en una montaña, en un viento, en un árbol, en una roca.
El hombre que moría podía también transformarse en un animal. Así fue como nació el búho, la lechuza, el albatros, el águila ratonera, el ganso, el calamar, la ballena y muchos tipos de aves .Algunos de ellos, los que no quisieron seguir en la tierra reencarnados, siguieron a Kenos hasta la cúpula celestial y se convirtieron en estrellas y en nubes.



Pablo Neruda / Alturas de Machu Pichu - Canto X


Piedra en la piedra, el hombre, dónde estuvo?
Aire en el aire, el hombre, dónde estuvo?
Tiempo en el tiempo, el hombre, dónde estuvo?
Fuiste también el pedacito roto
del hombre inconcluso, de águila vacía
que por las calles de hoy, que por las huellas,
que por las hojas del otoño muerto
va machacando el alma hasta la tumba?
La pobre mano, el pie, la pobre vida…
Loa días de la luz deshilachada
en ti, como la lluvia
sobre las banderillas de la fiesta,
dieron pétalo a pétalo de su alimento oscuro
en la boca vacía?
Hambre, coral del hombre,
hambre, planta secreta, raíz de los leñadores,
hambre, subió tu raya de arrecife
hasta estas altas torres desprendidas?


Make Make Creador / Rapa Nui


Makemake estaba solo; esto no era bueno. Tomó una calabaza con agua y observo su reflejo sobre este espejo cristalino. La sombra de Makemake entró en el cuenco de agua. Makemake vio como la sombra de su rostro se fundía con el agua. Makemake habló y saludó a su propio reflejo: “¡Salve, joven!, qué hermosos rasgos posees, eres, tan parecido a mí”.


En ese momento un pájaro se posó de golpe y batiendo ágilmente sus alas, sobre el hombro derecho de Makemake. Este se asustó, al ver a este ser alado con pico y tupido plumaje. Unió entonces Makemake su sombra a la del majestuoso pájaro dando vida así a su primogénito.
Después de un tiempo pensó Makemake en crear al hombre que fuera igual a él, que tuviera corazón y voz para conversar.
Makemake fecundó piedras esparciendo su semen sobre ellas, pero no hubo resultado, las saladas aguas del reflujo marino difuminaron su esperma sobre la extensión de un terreno infértil, improductivo y agreste.1
Fecundó luego el agua: de su semen desparramado sobre ella, brotaron solo pececillos, miles de pececillos paroko que habitan en los pocitos de la costa. 2


Finalmente fecundó Makemake la fertil tierra arcillosa y de ella nació el hombre. Y Makemake contemplo su creación por días y días.
Después vio Makemake que aún no estaba conforme pues observaba la tristeza de su creación debido a su soledad. Hizo dormir al hombre. Cuando estuvo sumido en el sueño profundo, Makemake fecundó sus costillas del lado izquierdo. Dando nacimiento a la mujer.
Makemake dijo entonces: Vivina, vivina, hakapiro e ahu ê!. 3

1. La explicación más acertada de los términos que se refieren a la creación del hombre parece ser la siguiente: Makemake vertió su semen primero entre piedras de la costa, después sobre el agua de mar. Por encima de las piedras corrieron las aguas de la marea en su receso (ihoiho); por consiguiente, en toda extensión (mea) de ese lugar improductivo (kiko) no pudo haber resultado. Del semen que esparció en el agua quedaron solamente como residuos (ava) estériles, los diminutos pececillos, llamados paroko, que abundan en los pocitos de la costa.
2. Este relato de la obra creadora del dios Makemake es evidentemente producto de la imaginación muy propia de una raza de aborígenes náuticos cuya mentalidad estaba inseparablemente ligada al mar.
3. La palabra vivina es desconocida hoy día; toda la frase parece referirse a la muerte y descomposición (hakapiro, ahu) del cuerpo humano.



Vicente Huidobro / Adán


¡Silencio! ¡Soledad! Vasto silencio
De las llanuras muertas.
Solemnes y desiertas,
Largamente tendidas bajo el otro
Silencio enorme de los cielos graves,
Cobijadoramente luminosos.

Y en medio de los dos grandes silencios
De la tierra y el cielo,
Eternamente cara a cara,
Adán enorme y solo se elevaba
Mudo como una estatua.
¡Y allí clavado medio a medio
Era como el intento
De unir aquellos dos grandes silencios!

Adán, como el que despierta de un gran sueño,
Atónito miraba el universo,
Y como si acabara de surgir de la tierra
Olía todo a ella;
Estaba saturado de yerbas
Y parecía que su cuerpo
Enorme, fuerte y suelto,
De fibras de árbol fuera hecho.
¡Creeríase ver en sus carnes nudosas
Una vacilación entre ser hombre y ser roca!

Y con sus ojos nuevos sin nada de profundo
Adán iba adquiriendo las bellezas del mundo,
Iba adquiriendo formas su cerebro,
A medida que observaba el universo.
Tenía la mirada estupefacta,
Fija y maravillada…
Tenía el gesto natural del niño
Ante algo que le es desconocido.

Los cielos sonreían de blancura
Y la Naturaleza limpia y pura,
Como recién nacida,
Se adivinaba, al fin, entera y comprendida
Y se mostraba superior y enorme
A la contemplación del primer hombre.

Los árboles verdeantes y sonoros
Se alzaban como brazos.
Y a lo lejos brillaban luminosos
Los trigos no sembrados.

Adán enorme y solo todo lo miraba…
Era el Hombre que ante el mundo se alzaba.
El primer hombre que su mente despertaba
Y por entero a contemplar se daba.
Comprendía de las cosas el único designio,
Veía en todo el verdadero sentido
Y todo lo que miraban sus pupilas
Su cerebro adquiría.
Y sentía crecer los árboles adentro,
Correr el agua por sus nervios,
Brillar el sol en su cerebro.
Todo lo que sus ojos contemplaban
Lleno de lágrimas amaba.
¡Era en aquel instante de la contemplación
Todo su cuerpo un solo corazón!

Adán enorme y solo
Los llanos contemplaba
Y todo se disputaba el camino de sus ojos
Para llegar a su alma.
Todo quería ser claro en su cerebro
Y reposar en él sin nada de misterio,
Todas las cosas de la tierra
Se iban a sus ojos y le daban su esencia
Por entero, sin reservas,
Como una natural, lógica ofrenda.

Todos los ruidos de la tierra y los rugidos
De los animales hacían su nido
Cómodo y absoluto en sus oídos,
Repercutían en su cerebro,
El cual los ordenaba,
Y se agrandaban en su alma.

Adán, viendo los campos hinchados de futuro,
Llenos de ofrecimientos en sus frutos,
Y mirando los robustos brotes,
Sentía como el ansia
De beberse los vigores
Que se desprenden de la tierra sana,
De los árboles, las yerbas y las plantas.

Adán enorme y solo,
Sintiendo aquel llegar de cosas a sus ojos,
Era la estatua del reposo,
Todo alma y vigor,
Dulcificado de contemplación.

Y vio a lo lejos alzarse la montaña
Para él, para que él la subiera,
Y vio correr el agua
Tembladora de luz, pura y clara
Para él, para que él la bebiera.
Todo lo que veía
Con santa desnudez se le ofrecía.

Todas las cosas se ofrecían
Unas a otras por entero,
Y en darse estaba toda su alegría,
En sentirse de otras un provecho.
En parte alguna se veía
El gesto helado que pone lo egoísta.

Las aguas acogían amistosas
La clara bondad del cielo
Y de las ramas temblorosas,
Los árboles en su recogimiento
Acogían el cansancio de los pájaros
Y les daban descanso
Bajo su grata sombra.
Y los ojos de Adán,
Hijos de un deseo de luz y de formas,
Sentían en su fondo reposar
El triunfo milagroso de la naturaleza
Y todo el entusiasmo de la Tierra.
¡Oh la primera mirada comprensora
Que recorrió la tierra!
La primera mirada inteligente y buena,
Al sentirla temblaron todas las cosas
Llenas de una emoción acogedora.
¡Oh el primer sol, de la primera
Mañana de la Tierra!
¡Oh el primer rayo luminoso
Que Adán sintió en sus ojos
Y que lo llenó de un claro regocijo
Y de sabios intentos!
¡Oh el momento supremo en que el instinto
Cayó vencido por el intelecto!

Primer placer del contemplar;
Del escuchar, goce primero;
Primer placer del admirar,
Y del sentir y del palpar.

Las fieras corrían, daban saltos
Con sus nervios elásticos.
Adán ya no lucha con ellas,
Las ama, las contempla.
Le gusta comprender los animales,
Ver la perfecta gracia de sus líneas,
Mirar cómo les tiemblan los ijares
Cansadas de correr. Goza y admira
El nervioso temblor de aquellas carnes
Ansiosas de saltar entre breñales,
El pleno dilatar de las narices
Y el palpitar de aquella fuerte sangre,
Sangre de mundo que despierta y vive;
Sangre que fue esencia de la roca,
Sangre que fue savia de la selva,
Que fue sal de las olas,
Que fue plasma de la tierra.

Adán sabe que él también es fuerte,
Que él en esencia estuvo siempre,
Que la sana alegría del mundo
Nutre sus músculos.
Y se inunda de entusiasmo por su carne
Y por la ardiente plenitud de su sangre.
Siente que el corazón enriquece sus fibras
Y que le llena el cuerpo de luz viva.

Adán siente que todo
Se va apozando milagrosamente
En el fondo de sus ojos
Llenos de campo verde.

Y todo aquello que antes en su obscura conciencia
Se resolvía multiforme, toma rasgos precisos y lo llena
De Santas bendiciones.
Y siente el entusiasmo bondadoso
De vivir para sí y para todo.

Y él sin decirlo a todo daba gracias:
Al árbol por ser árbol,
Al agua por ser agua,
Al pasto verde por ser pasto.

Bendita seas, agua, porque eres cristalina,
Porque el alma refrescas y la vista;
Bendito sea el día
Porque las cosas ilumina,
Y bendita la noche porque ella
Las hace hundirse en su reposo
Y da descanso a los ojos,
Haciendo abstracción de todo.
Bendito seas, árbol, porque das sombra
Y reconfortas;
Bendita seas tú también, montaña,
Porque te elevas,
Y todas las cosas de la tierra
Benditas sean.
¡Y en sus ensueños sumido
El fue el único hombre agradecido!

Adán solemne y mudo meditaba
Y quiso tener habla,
Porque todas las cosas en el alma
Le formaban palabras.
Y así fue que la primera
Palabra humana que sonó en la tierra
Fue impelida por la divina fuerza
Que da al cerebro la Belleza.

Y dijo:
-Entrad en mí, Naturaleza,
Entrad en mí, ¡oh cosas de la tierra!
Dejad que yo os adquiera,
Dadme la suprema alegría
De haceros substancia mía.
Todo esto que nace en el suelo
Quiero sentirlo adentro.

Y Adán habló, y el hombre puso palabras
En todas partes donde antes callaba,
En donde siempre estuvo silencioso,
Donde sólo se oían los grillos sonoros.
¡La Tierra, santa de paz y de calma,
Oyó en éxtasis la primera palabra
Y quiso acogerla para eternizarla!

La creación Aunikenk / Elal y los animales


Hace mucho, mucho tiempo, la tierra estaba sumida en una oscuridad absoluta y densa, que no permitía que la vida existiera.
Kóoch, dios creador de todas las cosas, sintio tal la soledad y tristeza de que empezó a llorar. Lloró, lloró y lloró tanto, que sus lágrimas formaron el Mar Amargo y salado.
Al ver tanta agua provocada por las lágrimas de sus ojos, suspiró, creando así los vientos, que comenzaron a correr alocada e indómitamente por todas partes, alejando así las oscuras tinieblas. Así fue como la fuerza del viento hizo nacer la claridad, lo que llenó de alegría el corazón de Kóoch. Luego creó el sol, las nubes, el trueno y el relámpago. Después elevó parte de la tierra, que estaba en las profundidades del océano, y construyó una isla, sobre la cual modeló montañas y llanuras separadas por hermosos valles.
Todos los seres que había creado Kóoch empezaron a interactuar, y así se formaron ríos y arroyos, que se poblaron de peces, el agua regó la tierra, y nacieron las primeras plantas, y éstas fueron los primeros alimentos que dieron origen a los animales terrestres. Las plantas crecieron hasta transformarse en arbustos y luego en árboles, y en sus ramas anidaron las primeras aves.

Cuenta la leyenda que cuando el Sol y la Luna se escondían tras el horizonte, asomaba la noche. La Noche con el Tiempo engendro a todos los malos espíritus y a los gigantes que formaron el Ejército de la Oscuridad.
Uno de estos gigantes fue Nóshtex. Una noche Nóshtex, raptó a Nube, con la que engendró a su hijo Eial.
Kóoch al enterarse de esto, arrojó sobre Nóshtex una maldición: no sólo sería superado en belleza y poderío por su propio hijo, sino que ElAl sería admirado y venerado por todos los seres vivos de la Isla.


Al enterarse de la situación, Kíus, el chorlito, pidió la palabra y dijo:
-Más allá de la laguna, se encuentra una tierra que sólo yo conozco. Podemos mandar al joven Elal allí, donde Nóshtex jamás lo encontrará.
La idea corrió de boca en boca y todos los animales estuvieron de acuerdo, especialmente porque Kíus, el chorlito tenía fama de sabio y todos sabían que era un ave muy viajada, que conocía todos los rincones de la Mapu.
Todos los animales reunidos coincidieron que sólo había tres pájaros suficientemente grandes y poderosos como para cruzar el mar que llevaría a Elal hasta la Patagonia, cargando al niño sobre sus espaldas. Estos eran el cisne, el ñandú y el flamenco. Los tres pájaros fueron convocados a esta cita.
El ñandú y el flamenco llegaron con retraso de modo que el cisne fue el elegido para llevar a Elal. Así partieron el cisne con Elal sobre su espalda, volando a gran altura, se internaron en el inmenso océano, hasta que divisaron la montaña de la que les había hablado Kíus. El cisne cuidó de Elal durante tres días y tres noches, alimentándolo y abrigándolo, hasta que descendieron de la montaña, para que el niño comenzara con la creación de la tierra y sus habitantes.




Pedro Alonso Retamal / Epu



Primero,
todo era como una noche larga,
como un huso de viento,
hilándose en la espera del amanecer

Un galope de hierros extranjeros
provocó el despertar

Entonces,
bajo cada araucaría conversaron las lanzas
y luego,
empezaron a acechar los «kodkella»
y cada corazón se volvió arbusto,
y cada arbusto una amenaza fiera.

El bosque abrió sus ojos vegetales
y el coigüe elevó su vigía.
La noche fue tinieblas y puñales
buscando el sitio de la defensa.

Y,
cuando so´no el «kull-kull»
«itrocom quiñechi huitaiyegn»
como un huracán incontenible

Había llegado la mañana de la historia;
había por fin,
nacido Arauco

Mil flechas preguntaron:
«Antuhuemu», ¿jugamos a nacer?,
y una muchedumbre de lanzas contestó:
«Huenuchao» ¡¡juguemos a morir!!

Un día,
«Keupullacán»
llegó con una montaña a cuestas,
y Arauco se volvió tempestad.

Cuando irrumpió «Leftraro»
y era todo águila, todo precaución,
Arauco se volió relámpago.

Después,
todo fue un torbellino que ganaba altura
para despeñarse en un alud,
para volverse serpiente entre los ríos,
águila en los abismos,
lanza entre el huallizal
y alzarse hasta la copa de la nieve.

«Antuhuenu», ¿hay que jugar a morir?
¡No!, gritaron las gargantas de las montañas,
¡No!, gritaron las sombras congregadas,
¡No!, gritó la selva atrincherada:
«Huenuchao» ¡¡es mejor jugar a nacer!!

Glosario
Epu: dos
Kodkella: la flor del copihue
Kull kull: cuerno de buey
Itrocom quiñechi huitaiyegn: de una vez todos se pudieron de pie
Antuhuenu: sol del cielo
Huenuchao: padre del cielo
Keupullacán: Caupolicán
Leftraro: Lautaro

Vicente Huidobro / La tierra


Silencio. Inmensidad. Vasto silencio
Del ensoñar del globo,
Rodando solo en el vacío negro;
Silencio ensimismado bajo el otro
Silencio augusto de los cielos graves,
De los cielos supremos, prodigiosos,
Serenos de reposo.

La tierra solitaria,
Que aún no era por cerebro comprendida,
En el caos rodaba
Gozando de su propia maravilla.

¡Oh el primer sol, de la primera
Mañana de la esfera
Que llenó como un río la suprema
Majestad silenciosa de la tierra desierta!

Como una sonámbula
De sus solos ensueños encantada,
La Tierra sola y ensimismada,
Inefable de éxtasis,
Rodaba, rodaba,
Y todas las auroras
La hacían milagrosa
Y todas las noches
Augusta y majestuosa.
Los trigos ondulaban al viento
Para nadie, para ningún
Contemplador maravillado.
Llenos los ojos de milagro.
Los árboles cantaban,
Ebrias de luz se erguían las montañas,
Los horizontes luminosos
Parecían buscar unos ojos
Que los miraran y gritaran locos.

¡El globo solitario
Iba rodando, iba rodando!
¡Sobre la tierra todavía virgen
Sonreía la luz, cantaba el sol
Y todo con un íntimo temblor
Parecía buscar admiración!

La Tierra adolescente
Sentía como un vértigo de luminosidad
E inmensa y muda, toda llena de auroras,
Se sentía solemne de serenidad.

¡Oh silencio infinito
Lleno de graves rumoreos de viento!
¡Vibración del vacío,
Primer instante, primer momento
Apertura del tiempo!

Y el globo solitario
Iba rodando, iba rodando,
¡Oh! la Tierra, la amada Tierra
Iba rodando virgen de historia,
Desnuda de leyenda,
Sin días, y sin años y sin fechas.

Y eran las mañanas locuras de sol,
Tembladoras de risas de aguas,
Y eran las tardes tristes y pausadas,
Solemnes de dolor,
Y las noches eran una canción deseada
Que caía suave sobre los panoramas.

Así el mundo solo, rodaba, rodaba,
Y en la matriz formidable y oscura
Aguardaban pacientes
Todos los gérmenes
De las transformaciones futuras.

¡Oh Tierra! Cálida madre de las simientes,
Se oía en el seno de tus fuerzas creadoras
Un rumor de ideas que se forman
Y largas vibraciones que laboran
Cruzando por el fondo de tus vértebras
Ansiosas de salir a la luz buena.

Y la Tierra nueva,
Pletórica de naturaleza,
Se mostraba esplendorosa y suprema.
¡Solo se oía en medio del silencio profundo
Latir la savia en las venas del mundo!

Lleno de calma y de misterio,
Lo sublime y lo bello
Brotaba espontáneo de la tierra,
Circundaba los montes,
Se enredaba en las selvas,
Cantaba en los torrentes
E invadía como una luz los horizontes.

sábado, 18 de abril de 2020

Salvador de Madariaga / El Sol que quería bañarse


El sol quería bañarse,
porque tenía calor,
llevaba el calor por dentro
la luna se lo advirtió;
pero el sol no le hizo caso,
ni siquiera la escuchó,
porque el calor que tenía
le quitaba la razón,
y hacia el caer de la tarde
se tiró al mar y se ahogó.

Al ver que se ahogaba el pobre,
el cielo se oscureció,
las estrellitas lloraban
lágrimas de compasión,
se puso el mar todo negro
de tristeza que le dio,
sólo la luna en el cielo
muy serena se quedó.

No se asusten -les decía-,
que no hemos perdido al sol.
Mañana de mañanita
saldrá por otro rincón,
más fresco que una lechuga
con el baño que se dio.

A la mañana siguiente
sonriente salió el sol;
el cielo se puso alegre,
el mar de gozo bailó,
las estrellas se reían
del susto que el sol les dio;
y la luna satisfecha
en su cuarto se durmió.

Juan Carlos Acuña / Al universo


iOh universo hermoso,
qué exuberante eres!

Tú tienes sol, agua, mares, estrellas,
tú tienes un canto y yo una poesía,
tú todo lo conoces y yo lo ignoro todo.
¿Por qué tú no me dices cómo te formaste?
¿Por qué tú no me dices cuál es mi destino?
Mas solo sé que en el día y la penumbra
tú caminas, corres y te escondes.

Déjame Ilamarte aquí desde mis libros
iel primer vagabundo que pisó este mundo!

Salvador Rueda / El fondo del silencio

En el silencioso trabajo de la Naturaleza, el inspirado poeta Salvador Rueda cree escuchar todas las misteriosas armonías de la Creación.


Redondo el horizonte ilimitado;
Fecundo el cielo cual promesa rica:
¡La santidad de todo lo creado
En el silencio augusto fructifica!

Nada hay ocioso en su profunda calma;
Repleta está de músicas sutiles.
De clepsidras que se oyen en el alma.
De martillos, escoplos y buriles.

Taller maravilloso se dijera,
Donde la luz, los átomos del viento,
Los haces de agua, la creación entera.
Trabajan con un mismo pensamiento.

Una risa de Dios mueve la vida
Como un motor inmenso, y milagrosas.
Mientras rueda esta máquina encendida,
Embriagadas de amor cantan las cosas.

Cantan en un trabajo que no apena,
Porque el placer sus herramientas mueve
Y la bondad que lo infinito llena
A todo da su movimiento leve.

Mas no pueden oírse sus sonidos.
Pues de esas altas músicas el vuelo
Es sensible tan sólo a los oídos
Aptos para la acústica del cielo.

No se oye el cincelado de las flores
Que en su regazo labran los vergeles,
Pero en esos oídos interiores
Se siente el golpear de los cinceles.

No se escuchan los átomos briosos
Que hacen las rosas cual la luz de hermosas
Pero en esos oídos misteriosos
Se oye el desplegamiento de las rosas.

No oye el oído la precisa ciencia
Que forma una numérica granada,
Pero la mente escucha la cadencia
Que alza el taller hasta quedar rimada.

No escuchan los oídos materiales
De una espiga los granos como gotas.
Mas le oyen los oídos ideales
Cual flauta de oro de acordadas notas.

Nadie escucha el buril idealizado
Que diseña de un pájaro las galas,
Mas se siente afinar, como un teclado,
Las ringleras de plumas de las alas.

Oíd el paso isócrono del mundo.
Del corazón con el gigante oído;
Al ir por los espacios errabundo
Va a una cadencia original ceñido.

Escuchad por el cielo imaginario
Andar alada, cual visión ninguna,
A la de nácar místico incensario
Que un ángel mece, a la afligida luna.

Oíd del sol el cántico valiente;
Sus notas son sonidos ardorosos
Con fuego escrito de su hoguera hirviente
En su marcha de acordes prodigiosos.

Quitando de esa música grandiosa
Los mentales oídos asombrados,
Y oyéndonos el alma misteriosa,
Nos hablan de otros mundos ignorados.

Del fondo del silencio estremecido
Sube una grande, prodigiosa fiesta,
Y donde acaba inútil el oído
Empieza el alma a percibir la orquesta.

Escuchad con las mentes peregrinas
La voz rítmica y grave de las cosas:
¡Cantan las matemáticas divinas
En los soles lo mismo que en las rosas!

A número y a ritmo, como el verso,
Está la vida universal sujeta,
Y del arpa triunfal del Universo
Una chispa que salta es el poeta.

Vicente Huidobro / Universo


Bajo la enramada
Una canción solidificada
                                                                                    En dónde estamos

El mundo ha cambiado de lugar
Y estrellas falsas brillan en el cielo

             Cordajes de guitarra sobre el mar

La sombra es algo que alza el vuelo

                                         Junto al arco voltaico
                                         Un aeroplano daba vueltas

                                                                    En el aire un pañuelo

Y ninguna casa tenía puertas

Un lago oblicuo                             El camino sobre
hace el espacio                             el campo inverso

Mañana será el fin del universo

Jean-Pierre Luminet / De natura


Publicado el 9 ene. 2014

Ernesto Cardenal / La música de las esferas


En el principio
Dios modeló con sus dedos el polvo cósmico.
¿Porque por qué giran las galaxias?
¿Qué puso en movimiento giratorio el universo?
                            "El hecho básico del universo es su expansión."
La más básica de las realidades de la vida
esta expansión.
Es decir, decrece la densidad del universo,
se separan y separan las galaxias,
y la luz se va cada vez más lejos.
Un universo estático es imposible
por el hecho simple de que el cielo es negro de noche.
La noche toda brillaría como la superficie de una estrella.
Cada punto del cielo sería una estrella y todo él
como la superficie del sol. Pero es oscura la noche
y el universo ni infinito ni eterno.
Einstein había hecho un error algebraico,
                                                           descuido de una división por cero.
Corregido esto, el universo dejó de ser estático
y entró en movimiento.

                                       La música de las esferas.
Un universo armonioso como un arpa.
El ritmo son tiempos iguales repetidos.
El latir del corazón.
Día/noche.
La ida y el regreso de las aves migratorias.
Los ciclos de las estrellas y el maíz.
La mimosa que se despliega durante el día
y en la noche se repliega.
Ritmos de la luna y las mareas.
Y de los cangrejos que saben que va a bajar la marea
y antes que baje buscan sus escondrijos.
Un solo ritmo en los planetas, los átomos, el mar, las manzanas
que maduran y caen, y la mente de Newton.
                                       Melodía, acorde, arpegios.

arpa del universo.
La unidad
tras la aparente multiplicidad
ésa es la música.
                   Diferencia entre la música y el ruido…
El sonido de la campana está en su forma.
O a propósito, las piernas de las muchachas.
                                                          La materia es música.
Materia en perpetuo movimiento en espacio y tiempo.
Rítmicos los corazones y los astros.
El universo canta y lo oyó Pitágoras.
                   La música de las esferas,
más que música clásica música de jazz.
                                      La danza alborotada de las cosas.
Todo hecho por el juego de los grandes números.
Y entre la armonía de los astros y la de los átomos
                             la anatomía del cuerpo humano.
Con esas proporciones debían construirse los templos
según Vitruvius. Las del cuerpo humano.
                                       Y el orden social, como el del cielo.
                                       También nosotros en la danza de los astros.
                                       Observando los movimientos de los astros
                                       percibieron que había orden en el cielo
                                       y así un día podría haber orden en los hombres.
                  El cosmos canta. ¿Pero para quién?
¿Por qué el mirlo es tan musical
pasada la época de la reproducción?