Luciano Erba / Año nuevo en Milán
Se creía en Milán que el ver
un hombre en el umbral de casa,
yendo a misa el primero de enero,
era señal de próspero futuro.
Eran figuras negras con abrigos,
inciertas en la niebla matutina,
echarpes blancos, sombreros, lánguidos y duros
repiques de bastón, pasos lejanos.
¿Ahora dónde están, hombres augurales?
¿La larga onda de su presagio
rompe aún en la ribera de los años?
En una niebla entre nosotros siempre más espesa
me parece a veces entrever
un vuelo de capas proféticas.
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