jueves, 26 de marzo de 2020
Monindra Gupta / La vaca de la luna"
Es el atardecer. No hay ola en la mente, no hay prisa, ni tiro.
Después de una sola llamada típica han llegado dos hermanos tranquilos
con hojas rotas en la boca.
El aire-la sombra-la luz solar es indiferente: no hay ola, no hay prisa, ni tiro.
Ato a los dos hermanos bueyes impasibles con mucho cariño a la madera de la carreta. El coche se mueve con gestos tranquilos.
Los bueyes llevan el olor de las hierbas de los campos,
al tocarlas la respiración de aquellas hierbas llenan la mano.
En los caminos debajo de las sombras de los árboles queda
el arbusto triste de cedoaria blanda
un día sacaré el almidón azul
desde sus raíces.
Pero olvido..
En el estanque perezoso de la luz, este país es como un corcho que
flota ligero.
Las nubes se han ido lejos con las olas pequeñas
se ha ido lejos la felicidad
¿la tristeza? también está al margen.
La carreta de los bueyes... el nebuloso movimiento gris de los bueyes...
en el entorno de las vacas que no desean nada, la luna sale...
el campo enmudeció de arena toda la noche...
se mueve la huella de la rueda inmóvil sobre la arena blanca
-la rueda del coche- la rueda de la luna.
(Trad.: Subhro Bandopadhyay y Susana Agustín, adaptación de Violeta Medina).
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