martes, 28 de abril de 2020
Guillermo Rodríguez Rivera / Para ser un poeta social, elija entre las tres fórmulas siguientes:
a) La metafórica legítima, reconocida y prestigiosa. Caballo de batalla de los viejos poetas (más de 50 años).
Ejemplo:
«y sobre las cenizas
llegan los milicianos, llegan
como rosadas caracolas
que golpean mi corazón».
b) La conversacional, elegante, moderna, personal, propia para poetas entre los 30 y los 40.
Ejemplo:
«porque es grande como el amor,
definitivo como el amor
esto que construimos».
c) La antipoética ortodoxa, rebelde, juvenil, novedosa, atractiva: la fórmula ideal para el poeta joven.
Ejemplo:
«ancha como la espalda de mi padre,
la revolución es así,
del carajo».
Pero cuando uno es, exactamente,
un miliciano y se mira al espejo y no halla
una caracola rosada enfrente;
cuando uno sabe que lo que construimos es como el amor,
pero también es como el odio y como tantas,
tantas cosas;
cuando las espaldas estrechas de mi padre
(que nunca llegó a entender verdaderamente la Revolución)
se están pudriendo ya
bajo la tierra…
por eso, entre las fórmulas de lujo,
¿CÓMO HACER UN POEMA?
seguía yo escribiendo mi poema,
¿CÓMO DECIR LO QUE DEBO DECIR?
hablando de aquellos ojos terribles
hasta que fui al balcón y miré, vi desde el balcón
la gente que subía, yo que bajaba
y que era uno más entre las hileras de gentes;
yo, construyendo un mundo que me deja nacer
porque me aplasta,
buscando un sitio donde comer algo, el cuerpo aquí
y el alma en el futuro;
yo, trabajando, lleno de esperanza,
dispuesto a disparar contra la muerte;
yo, leyendo un periódico de cuatro páginas casi sin noticias,
tan lejano.
Creo que fue hace dos o tres meses
que rompí aquel poema;
que arrojé al viento de La Habana el montón de papeles
que voló sobre la avenida,
mientras la gente alzaba la cabeza;
que comprendí que el único modo real de decir todo era,
sencillamente,
decir todo.
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