martes, 3 de marzo de 2020

T. S. Eliot / Miércoles de ceniza

T. S. Eliot / Miércoles de ceniza


I

Porque ya no espero volver jamás
Porque ya no espero
Porque ya no espero volver
Deseando los dones de este hombre y los alcances de aquel otro
Ya no me esfuerzo más ni lucho por tales cosas
(¿Por qué tendría el águila vieja que expander sus alas?)
¿Por qué lamentar
El desvanecido poder de los reinos habituales?

Porque ya no espero comprender jamás
La gloria inestable del momento propicio
Porque ya no pienso
Porque sé que no sabré
El único poder transitorio y verdadero
Porque no puedo beber ahí, donde los árboles florecen,
Y los manantiales brotan, porque ya no queda nada otra vez

Porque comprendo que el tiempo es siempre el tiempo
Y el lugar es siempre y sólo un lugar
Y lo que es útil
Es útil sólo para un tiempo
Y para un solo lugar
Me alegra que las cosas sean como son y
Renuncio a la cara bendita
Y renuncio a la voz
Porque ya no puedo esperar volver jamás
Entonces me alegro
Al tener que erigir algo sobre lo cual regocijarme

Y rogar a Dios que tenga misericordia de nosotros
Y ruego para poder olvidar
Estos problemas que conmigo mismo
Tanto discuto
Y tanto me expongo
Porque ya no espero volver jamás
Deja responder a estas palabras
Por lo que se ha realizado y no volverá otra vez a realizarse
De modo que los mandamientos no pesen tanto sobre nosotros

Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino apenas escudos para golpear el aire
El aire cada vez más leve y seco
Mucho más leve y más seco que el deseo
Enséñanos la preocupación y la inconsciencia
Líbranos de la ansiedad.
Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

II

Señora, tres leopardos blancos sentados bajo un junípero
En la calma del día, se alimentaron hasta la saciedad
Con mis piernas mi corazón mi hígado y aún lo contenido
En la oquedad redonda de mi cráneo. Y Dios dijo:
¿Vivirán estos huesos? ¿Vivirán
Estos hueso? Y lo que estaba contenido
En los huesos (secos ya) habló con alegría:
Por la bondad de esta Señora
Y por su gran amor y porque
No desmerece la Virgen en meditación,
Brillamos altamente. Y yo que estoy aquí, oculto,
Entrego mi acto al olvido y mi amor
A la posteridad del desierto y a la fruta de la calabaza
Mis intestinos el collar de mis ojos y las porciones indigeribles
Que los leopardos rechazan. La Señora se retira envuelta
En un jubón blanco, hacia la contemplación, en un jubón blanco
Dejad que la blancura de lo huesos nos prepare para el perdón
No hay vida en ellos. Como he sido y sería
Perdonado, así yo perdonara concentrado
Devotamente. Y Dios dijo
Profetizad al viento, sólo al viento, porque sólo
El viento escuchará. Y lo huesos cantaron con alegría
La canción del grillo, diciendo:

Señora de los silencios
Tranquila y angustiada
Revuelta y recobrada
Rosa de la memoria
Rosa del perdón
Exhausta y dadora de vida
Remanso del preocupado
La Rosa sencilla
Es ahora el Jardín
Donde todo amor termina
Termina el tormento
Del amor insatisfecho
El tormento mayor
Del amor satisfecho
Fin de lo interminable
Viaje sin final
Conclusión de todo aquello
Que no concluye
Discurso sin palabra y
Palabra de ningún discurso
Descienda la gracia sobre la Madre
Por el Jardín
Donde todo amor termina.

Bajo el junípero los huesos cantaron, dispersos y brillantes:
Celebramos nuestra dispersión, hemos sido buenos el uno con el otro,
Bajo un árbol en la calma del día, con la bendición de la arena,
Perdonando a los otros y a nosotros mismos, unidos
En la quietud del desierto. Esta es la tierra que tú
parcelarás. Mas división y unidad tampoco
Importan. Esta es la tierra. Hemos heredado.

III

En el primer descanso de la segunda escala
Me volví y miré debajo
A la misma forma retorcida girando en el pasamanos
Bajo el vapor en el aire fétido
Luchando con el demonio de los peldaños que finge
El rostro engañoso de la esperanza y el desconsuelo.
En el segundo descanso de la segunda escala
Los dejé girando, revueltos en el fondo;
No había ya más rostros y la escalera estaba oscura,
Húmeda, dentada, como la boca babeante de un viejo, ya imposible de reparar,
O como las fauces dentadas de un tiburón anciano.

En el primer descanso de la tercera escala
Había una ventana entreabierta como el higo
Y más allá de un espino y alguna escena pastoril
La ancha figura, de espaldas, lucía el azul y el verde
Encantando la época de mayo con una antigua flauta.
El cabello al viento es dulce, el cabello, castaño sobre la boca, suelto,
El cabello castaño y las lilas;
Distracción, música de flauta, altos y pasos de la mente sobre la tercera escala,
Extinguiéndose, apagándose; la fuerza más allá de la esperanza y el desconsuelo
Subiendo por la tercera escala.

Señor, yo no soy digno de que vengas a mí
Señor, yo no soy digno
                  pero una palabra tuya.

IV

El que pasó caminando entre violetas
El que pasó caminando entre
Los diversos tonos· de los distintos verdes
Avanzando en el blanco y el azul el color de María
Diciendo cosas triviales
En la ignorancia. y el conocimiento del dolor eterno
El que iba con los otros mientras los otros caminaban
El que, entonces, fortaleció las fuentes y dio frescura a los manantiales

Calmó a la roca seca y dio firmeza a la arena
En el azul de la realeza, el azul que es el color de María,
Sovegna vos

Aquí están los años intermedios, dirigiendo
Los violines y las flautas, restaurando
Lo que se mueve en el tiempo entre el sueño y la vigilia, estableciendo

Blanca luz replegada, envuelta sobre sí misma, replegada.
Los años nuevos avanzan, restaurando
A través de la nube brillante de lágrimas, los años, renovando
Con un verso joven la vieja rima. Redime
El tiempo. Redime
La visión ilegible en el sueño final
Mientras enjoyados unicornios tiran del dorado coche fúnebre.

La hermana silenciosa envuelta en azul y blanco
Entre los árboles, atrás del jardín divino
Cuya flauta quedó desalentada, inclinó la cabeza, asignando, mas esto sin decir una palabra

Entonces la fuente brotó y el pájaro cantó en lo bajo
Redime el tiempo, redime el sueño
La marca de la palabra no oída, no pronunciada

Hasta que el viento sacuda un millar de susurros de los árboles

y después de esto nuestro exilio

V

Si la palabra perdida se ha perdido, si la palabra gastada se ha gastado,
Si la no oída, no dicha
Palabra no ha sido dicha, oída;
Tranquila es la palabra inexpresada, la Palabra no oída,
La Palabra sin palabra, la Palabra dentro
Del mundo y para el mundo;
La luz se hizo en las tinieblas y
Contra la Palabra el mundo inquieto aún se revolvió
Buscando el centro de la Palabra callada.

Oh mi pueblo, qué pude haber hecho en tu contra.

¿Dónde se encontrará la palabra, dónde resonará
La palabra? No aquí, no hay suficiente silencio;
Tampoco en el mar ni en las islas, no
En la tierra firme, no en el desierto ni en la tierra húmeda;
Para los que caminan en tinieblas
Ya sea durante el día o durante la noche
El tiempo preciso y el lugar exacto no están aquí
No hay lugar agraciado para los que ocultan la cara
No hay tiempo de regocijo para los que caminan entre el ruido y desoyen la voz

¿Rezará la hermana velada por
Los que caminan en tinieblas, los que van contigo y se oponen a Ti,
Los que se revuelven desgarrados entre una estación y otra estación, un tiempo y otro tiempo, entre
Hora y hora, palabra y palabra, poder y poder por todos los que esperan
En la oscuridad? Rezará la hermana velada
Por los niños en el umbral,
Quienes no saldrán nunca, los que no pueden rezar:
Rezar por los que asienten y se oponen

Oh mi pueblo, qué pude haber hecho en tu contra.

Rezará la hermana velada entre los árboles esbeltos
Incluso por aquellos que la ofenden
Y que están aterrados y no podrán rendirse
Y afirman ante el mundo lo que rechazan entre las rocas
En el último desierto entre las últimas rocas azules
El desierto en el jardín el jardín en el desierto
De la sequedad, escupiendo de la boca la seca semilla de la manzana.

Oh mi pueblo.

VI

Aunque ya no espero volver jamás
Aunque ya no espero
Aunque ya no espero volver

Oscilando entre la pérdida y la ganancia
En este corto tránsito por donde cruzan los sueños
El sueño crepuscular entre el nacimiento y la muerte
(Padre, bendígame) aunque ya no quiero desear estas cosas
Desde la ventana abierta hacia la costa de granito
El blanco de las velas navega tranquilo hacia alta mar, vuelo ultramarino
Alas firmes.

Y el corazón débil se endurece y regocija
En las lilas y la voces del mar perdidas
Y el espíritu débil comienza a rebelarse
Porque la doblada vara de oro y el perdido olor del mar
Empiezan a recobrar
El grito de la gaviota y el giro de pájaros grises
Y el ojo ciego establece
Las formas vacías entre las puertas de marfil
Y el olor renueva el gusto de la sal en la tierra arenosa.

Este es el tiempo de la tensión entre muerte y nacimiento
El lugar de la soledad donde tres sueños transcurren
Entre las rocas azules
Pero cuando las voces expulsadas del árbol se dispersen
Deja que llegue al otro la sacudida y tu réplica.

Hermana bendita, madre santa, espíritu de la fuente, espíritu del jardín
Apártanos por piedad de la burla ácida
De aceptar la falsedad en nosotros mismos
Ensénanos la preocupación y la inconsciencia
Líbranos de la ansiedad
Incluso entre estas rocas,
Nuestra paz en Su mandato
E incluso entre estas rocas
Hermana, madre
Y espíritu del rio, espíritu del mar,
Impide para siempre que me aparte

Y deja que mi llanto vaya a Ti.

Versión de LUis Miguel Aguilar.

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