José Eustasio Rivera / LA PALMERA
Con pausados vaivenes refrescando el estío,
la palmera engalana la silente llanura;
y en su lánguido ensueño, solitaria murmura,
ante el sol moribundo, sus congojas al río.
Encendida en el lampo que arrebola el vacío, presintiendo las sombras, desfallece en la altura;
y sus flecos suspiran un rumor de ternura cuando vienen las garzas por el cielo sombrío.
Naufragada en la niebla, sobre el turbio paisaje la estremecen los besos de la brisa errabunda; y al morir en sus frondas el lejano celaje,
se abandona al silencio de las noches más bellas,
y en el diáfano azogue de la linfa profunda resplandece cargada de racimos de estrellas.
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