sábado, 7 de marzo de 2020

Raquel Garzón / Botánico Plan de escape Hay una plazoleta pequeña en el Jardín Botánico donde juego a perderme como en un cuadro de El Bosco. Elijo siempre el mismo banco. Respiro hondo, me desdigo de los zapatos y les presto a mis pies algo de humanidad sobre la tierra. Por dos minutos, soy el bicho más feliz de ese bosque artificial y entiendo qué siente el diccionario cuando dice lejanía: Un olor verde labrado por la lluvia, huída mineral del agua despeinada. Vértigo raro, frescura peligrosa, se puede levitar en esos ratos.

Raquel Garzón / Botánico


Plan de escape

Hay una plazoleta pequeña en el Jardín Botánico
donde juego a perderme
como en un cuadro de El Bosco.

Elijo siempre el mismo banco.
Respiro hondo,
me desdigo de los zapatos
y les presto a mis pies
algo de humanidad sobre la tierra.

Por dos minutos,
soy el bicho más feliz
de ese bosque artificial
y entiendo
qué siente el diccionario
cuando dice lejanía:

Un olor verde
labrado por la lluvia,
huída mineral del agua despeinada.

Vértigo raro,
frescura peligrosa,
se puede levitar en esos ratos.

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