Dana Gelinas / Antes de existir un jardín en mi casa...
Antes de existir un jardín en mi casa,
entre los escombros de la construccion,
dentro de un nicho,
dos albañiles protegieron
un milagro: la jacaranda de treinta centímetros
que nació bajo uno tablones de madera.
Jacaranda,
el árbol que endulzaba el aire de la acera,
de ventanas y puertas,
con ráfagas de lilas descompuestas,
fue la cortina de follaje
que también pobló el tallo de mi cerebro
durante los cuatro mil días que existí
bajo el eterno crepúsculo multiplicado
cada tarde.
En ellos clavé los ojos
y los pies
y la raíz de mi existencia ante la creación del acero.
Ah, y durante los días más calcinantes
al lado de la puerta principal se enredó
una madreselva que perdía el interés en la vida.
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