sábado, 11 de abril de 2020

Enrique Patiño / Ebriedad en el puerto


Los hombres de mar tienen acuosos los ojos
De tanto devorar océanos.
Bajan a puerto, descontrolados por las ansias de suelo firme
O de una marea de luces y placeres desbordados.
Se malgastan en ron y en el instinto ebrio
De un placer alquilado a medianoche.

Apagan la noche con la añoranza
Y un regurgitar de cantos sin nostalgia.

Y parten, como siempre.

¿Qué queda?
Nada
Excepto el rezago del tiempo gastado
Y la acidez temprana
–Que llaman resaca–
De no saber el destino final.

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