sábado, 11 de abril de 2020
William Velásquez / La infancia era una puerta sostenida con el océano
De una casa medio derrumbada salió un niño gritando que había
encontrado el mar dentro de un caracol. El padre Ángel
se acercó el caracol al oído. En efecto, allí estaba el mar.
Gabriel García Márquez
Todo el mar de mi infancia cabía
en el viejo caracol
con que mamá aseguraba la puerta.
Al posar mi oído en él
reconocí su oleaje, el pregón de las gaviotas
y la proximidad de los transatlánticos
que estremecieron el barandal
del estrecho corredor de madera.
Me llenaba de sal y de arena
la mejilla más próxima a su cavidad,
por tantas horas absorto
ante el resuello de las muchachas
que bronceaban sus espaldas.
Pero un mal día mis padres
decidieron remodelar:
Tiraron el caracol y con él mi niñez;
pusieron otro cerrojo a la puerta,
ajustaron sus aldabas.
Ya nunca más hizo falta sujetarla con el océano.
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