domingo, 19 de abril de 2020
William Velásquez / Casualidades
¿Cuántos siglos de sexuales casualidades,
de carnales revoluciones dieron al traste
con la consecuencia implacable de mi nacimiento?
¿Cuántos amantes develándose
sobre arenosas orillas que buscan océanos?
¿Cuántos sitios comunes para dos desconocidos
a la hora precisa y en la fecha exacta
condujeron los azares de este juego
a través de continentes y colchones compartidos?
¿De qué remoto cromosoma proviene mi semilla?
¿Qué ancestrales herencias contiene mi ADN?
¿Qué serie de situaciones propiciaron
la hecatombe existencial que escupió mi alumbramiento
aquel 21 de diciembre?
¿Qué extravagancia reclutó tantos eslabones
para darme la ocasión de andar ahora entre los vivos?
y de ellos ¿quiénes acudieron gustosos
a tan sabroso jubileo
y contra cuántas voluntades otros harían lo mismo?
Naturalmente no pienso en todo esto
mientras mi cuerpo se deleita
en la fricción con una mujer desnuda.
Sólo tomo conciencia de premisas semejantes
cuando empiezo a extrañar la frondosidad
de unas caderas,
cuando añoro el sabor de unos pechos oscilantes
y me incendia el desenfreno
por unirme a esta cadena.
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