domingo, 12 de abril de 2020
Theodore Roetchke / El vals de mi papá
El olor a whiskey en tu aliento
podía marear hasta a un niño;
pero yo estaba aferrado a ti como la muerte:
porque bailar ese vals no era fácil.
Nos movíamos hasta que las sartenes
cayeron desde el estante de la cocina;
mientras el rostro de mi madre
no podía dejar de fruncir el ceño.
La mano que tomaba mi muñeca
tenía los nudillos magullados;
y a cada paso del baile que perdías
mi oído derecho arañaba la hebilla de tu cinturón.
Marcabas el compás sobre mi cabeza
con la palma de la mano endurecida por la suciedad,
entonces me llevaste a la cama bailando vals
mientras yo aún colgaba de tu camisa.
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