domingo, 19 de abril de 2020
César Casas Medina / Ojos que guardo
Ojos que guardo con afán y empeño
desde que nace hasta que muere el día; grandes ojos de amor, ojos de ensueño
que un soplo empaña de tristeza mía.
Graves ojos de ingenuos resplandores
que son para mi anhelo y mi esperanza
lo que al hondo remanso los fulgores
de un lucero que brilla en lontananza.
Ojos de seda que en silencio quiero,
ojos que llenan de fulgor mi vida,
divinos ojos que anhelante espero
con el ánima enferma y dolorida.
Para verlos pasar, el alma un arco
en la ventana del recuerdo tiende,
y de mi amor en el florido marco
la luz de pronto su fulgor enciende.
Y me bañan los ojos con su lumbre
de suavidad extraña y soporosa;
pero se van de prisa, y en la cumbre
de mi dolor, la noche temblorosa
más profunda se torna y más sombría,
más desolada y triste mi quimera,
y, sin embargo, mi melancolía,
desde que nace hasta que muere el día,
esos ojos de amor soñando espera.
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