sábado, 11 de abril de 2020
Alejandra Lerma / Futuro imperfecto
¿Cómo será el rostro de mi padre cuando muera?
¿Compraré azucenas o me quedaré inmóvil mirando los floreros vacíos?
¿Qué tamaño tomará mi corazón al darse cuenta?
¿Llevaré zapatos altos al entierro?
¿En el hombro de quién recostaré mi cabeza?
¿Discutiré con mamá la frase del obituario? ¿Mamá estará todavía?
¿Mi hermana llorará junto a mí o se encerrará en su rostro?
¿Cuál frase guardará mi memoria, olvidaré su malgenio, pondré en un pedestal sus cinco virtudes?
¿Podrá recordarme él a donde vaya, me llevará en su angustia o en su sueño?
¿Cuantos días me vestiré de negro?
¿Aullaré de remordimiento por lo que callé o por todo lo que le dije?
¿Será el silencio de la tierra o el crepitar del fuego lo último que escuche?
¿Guardaré la sortija de su dedo anular o evitaré sus cosas, como si fueran tristes?
¿Descubriré una noche que lo estoy olvidando?
¿Abriré mis heridas, me obligaré a gritar, dudaré de mi amor?
La incerteza es lo cierto
Me hago estas preguntas en una mañana cualquiera
mientras papá sirve un tazón
de aguapanela humeante
y me mira escribir sin saber lo que pienso.
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