Conmovedor poema de Amalia Mercedes Abaria al contemplar la obra de El Greco: Las lágrimas de San Pedro.
No son mis ojos, Señor
no son mis ojos.
Es mi corazón que llora
en las tinieblas.
Es esta honda clavija
en mi médula desierta
y cada lágrima quemada
es un dolor de fuego
sobre mi alma.
En lo hondo del desgarro
la flaqueza fue el puerto
de mi noche caída
(breve puede ser el tiempo
de la destrucción
pero larga la cárcel del insomnio)
Porque no son mis ojos, Señor,
no son mis ojos
Es mi corazón que llora,
mi llaga en las tinieblas.
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