Michael Kruger / Visita en Amsterdam
La ciudad abre bien sus ventanas
para no perder ningún sonido.
Una canción pasa en bicicleta
y regala a cada casa una nota.
Mi hermano vive en un canal.
La escalera de su casa bien asentada
fue trazada por un encantador de serpientes, formado en las colonias:
cuando se pisa con prudencia
se oyen suspiros de forma de almendra. Ocasionalmente viaja un viejo barco
a través del salón cuyo capitán
coloca escritos en el pretil de la ventana,
tratados de la Edad Media
sobre esclarecimiento y magia,
pero también historias de la vida
totalmente normales.
Si mi amigo mira desde la ventana
se duplica la ciudad. En el crepúsculo salen clásicos de los estantes y comienzan a trabajar,
un perro les sirve queso y vino.
Y de noche el ángel barre con cuidado
el camino entre el agua y la puerta de la casa,
como si tuviera que limpiar uno de los cuatro ríos al paraíso.
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