Howard Nemerov / ÁRBOLES
Ser un gigante y mantenerlo en silencio,
permanecer en tu lugar;
defender la presencia constante de un proceso
y parecer siempre el mismo;
ser firme como roca temblando siempre,
con la dura apariencia de la muerte
y la suave, fluida naturaleza del crecimiento,
de uno mismo engañosamente blindado,
de uno mismo vulnerable en apariencia;
ser tan rudo y recibir tan bien la luz,
regalando conocimiento prohibido
de tantas cosas sobre el cielo y la tierra
para las cuales de otra manera no tendríamos palabra—
Los poemas o la gente rara vez son tan agradables,
e incluso cuando tienen grandes cualidades
tienden más a decir que a ejemplificar
lo que ellos creen de sí mismos,
mientras que del batiente silencio de los árboles,
en calma o en tormenta, con hojas o desnudos,
día y noche, sacamos conclusiones sobre nosotros,
sostenidos e ignorados como nuestro aliento
y también un riesgo —ya que nunca ha habido
un árbol crítico— de la naturaleza de las cosas.
Traducción de David Villagrán
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