Arthur Rimbaud / VILLE
Soy un efímero y no muy descontento ciudadano de una
metrópoli considerada moderna porque ha evitado cualquier
gusto conocido, tanto en el mobiliario y el exterior de las casas
como en el plano de la ciudad. Aquí no podríais mostrar las
huellas de ningún monumento de superstición.
La moral y la lengua están reducidas, por fin, a su expresión más simple.
Estos
millones de personas que no tienen necesidad de conocerse
llevan de modo tan paralelo la educación, los oficios y la
vejez, que el curso de su vida debe de prolongarse varias veces
menos de lo que una estadística idiota atribuye a los pueblos
del continente. Igual que, desde mi ventana, veo nuevos
espectros que ruedan a través del espeso y eterno humo de
carbón —sombra nuestra de los bosques, noche nuestra de
verano—, nuestras Erinias, ante mi casa que es mi patria y todo
mi corazón, pues todo aquí se les parece —la Muerte sin lágrimas,
nuestra activa hija y servidora, un Amor desesperado, y un
bonito crimen piando en el barro de la calle.
[Traducción al español de MIGUEL CASADO]
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