Pedro Miguel Lamet / A UNA PALMERA
Tienes alma de niña, tronco fuerte,
grácil copa de un verde apasionado
que hasta el desierto trae el dulce prado
con que sueña el viajero sólo al verte.
Acunas en tu ser el aire inerte
en que descansa el tiempo y el arado,
una copla, un quejido entrecortado
del beduino que llora por tenerte.
Como un mar se adivina entre tus ramas,
o un temblor en tus hojas y su llanto,
y un oasis de paz brota del canto
de esa mora que danza prisionera
de tu reír, tan pronto me reclamas
todo el sueño del Sur, vieja palmera.
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